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El Vecino

El asunto de las relaciones humanas siempre ha sido y sigue siendo motivo de estudio para pensadores sesudos empeñados en descifrar o al menos esclarecer las claves para el entendimiento entre las personas. Por citar alguno de entre los muchos que, a difewrencia dde aquellos, lo vieron claro bien pronto, lo hago con Jesús de Nazaret suplicando a Su Padre (de cuya existencia real se tienen pocas evidencias, y estas de veracidad tan incierta que los creyentes deben recurrir a la fe para creerselo), suplicando a Su Padre, decía, que los perdonase “Porque no saben lo que hacen”. A mi parecer dio en el clavo Jesús y la clave última que explicaría el porqué de tanto desentendimiento, exclusivismo, exclusión, y rechazo atávico está en el “no saber”, en la ignorancia, que genera suspicacia, enciende odios, y acaba desatando bestialidades entre unos y otros, sean individuos, familias, pueblos, naciones, civilizaciones o culturas. Hoy me ha dicho un amigo mío registrador de la propiedad algo ...

Mi libertad, yo

La libertad absoluta, radical, sólo puede existir en la mente. Nuestro cuerpo que tanto nos limita ('mi cuerpo, yo' que decía Laín Entralgo) y a veces nos hace esclavos de sus insuficiencias, y nuestra mente que con tanto denuedo y entusiasmo se estrella una vez y otra contra los muros insalvables de la realidad (a la que habría que enfrentar como muchos hacen con Dios mediante un acto de fe en su existencia a pesar de no poseer la menor seguridad sobre la misma pero sí la ilusión de su posibilidad; o como hacemos otros, con un descreimiento que nos aboca al un desconsolador nihilismo, tan aburrido y tan cutre) aportan pruebas de sobra acerca del relativismo existencial incluso de nosotros mismos (o sobre todo de nosotros mismos), pasmados ante cualquier suceso que viole lo cotidiano (no hablo de que un día no salga el sol, sino apenas del comentario de Coleridge: “Si un día me despierto sosteniendo en la mano la rosa con la que soñé, entonces ¿qué?”) y muy asustados por su p...

Esa gente tan molesta

Las interpretaciones que las personas hacemos de los hechos, de las situaciones que tal vez por repetidas adquieren una entidad concreta para nosotros, y siempre la misma entidad porque no hay tiempo ni ganas para sopesar cada acontecimiento trivial en nuestras vidas, esas valoraciones son las que acaban por convertirse en la verdad individual de cada uno de nosotros. La realidad es compleja y difícil de someter a un dictamen unívoco, universal. Se me ocurre que si alguien le preguntase a Pinocho sobre su interpretación del crecimiento de su nariz cuando falta a la verdad, él, Pinocho, muy bien pudiera responder que dado el precio de la madera de roble mentir es un negocio rentable. Es una mera cuestión de perspectiva. Si, por poner otro ejemplo, alguien viese en repetidas ocasiones a un anciano ciego acompañado por una linda jovencita mostrándole a cada paso el camino para evitarle accidentes, podría pensar con lógica que la chica pertenece a una organización altruista que ayuda a...

Hortensia

“ Las mil y una noches de Hortensia Romero”, novela de Fernando Quiñones, fue finalista en el premio Planeta hace ya tantos años que no recuerdo el ganador, ni me importa. El autor se mete en la piel de una prostituta con desparpajo, y borda el perfil de una señora consciente de sus acotamientos sociales, pero también liberal y siempre dispuesta a comprender al otro, sea quien sea. Era Hortensia la encarnación de un Jesucristo redivivo y sin los embarazos dialécticos que más tarde la iglesia cristiana difundió, sobre todo en cuestiones referentes al sexo, y que poseía un atrevimiento, frescura e irreverencia al hablar de temas sexuales que uno piensa si no hizo bien manteniéndose en los límites literarios. Leí el libro a los dieciséis años y me masturbé con su lectura noche tras noche, con frío y con culpa. Pero a medida que me adentraba en sus páginas notaba cómo estas me poseían y me transportaban a un universo de lujuria como nunca antes hubiera imaginado. Fue, para mí, una apoteo...

Valentía

No creo que haya nadie más valiente que un torero. No un torero de laboratorio, como los hijos de, en otra época, famoso toreros, que ha tenido desbrozado el camino hasta las grandes plazas y que luego han aprovechado o no, en función de su arte y de su suerte, suerte que tanto decide, en la plaza y fuera. Pero incluso los 'hijos de' se la juegan, llega un momento en que tienen que decidir si mandan ellos, y se ven las consecuencias. Pero cuando un jovencito de apenas diecisite se pone delante de un astado en una plaza grande, ese tío es un valiente. La controversia ahora vigente de si debe seguir o no la fiesta de los toros, es indiferente. Los que han podido demostrar han demostrado, y los que no, no. Como en todo. Y que venga ahora un marino poniendo puntos sobre las íes. Con perdón.

Noche

Siempre he querido escribir algo bonito e impactante sobre la noche, algo como 'la noche es un monstruo con mil ojos' que dijo Chesterton, no yo -siempre pisándome las metáforas, este jodido Chesterton-, que más quisiera yo -redundante- Pero he investigado y expongo algunos hallazgos que de no ser de otros bien pudieran ser míos. “La noche es más triste que el día”, Ovidio. “Sólo la noche posada en tus cabellos, la noche raspándonos los ojos, la noche uniéndonos y separándonos. “, Homero Aridjis. “Noche mucho más noche: el amor ya es un hecho.”, Jorge Guillén. “Apoyada a un árbol desnudo de raras hojas una noche estrellada.”, Shiki Masaoka. “En la noche dichosa, en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz ni guía sino la que en el corazón ardía.”, San Juan de la Cruz. Y muchas más frases bellas... Pero yo miro mi noche clara y siento, miope como yo, que ella me mira a mí a través de su monóculo.

¿Escribes o navegas?

Escribir y navegar son dos actividades con grandes similitudes. Embarcas, por ejemplo, con la intención de arribar a un puerto determinado y por vicisitudes a que los marinos están más que acostumbrados, resulta que, o bien arribas a otro puerto, si hay suerte, o bien te quedas al pairo, si hay suerte, o te comes una castaña de no te menees (y que haya suerte). La escritura no entraña tanto peligro físico, pero padece las mismas peripecias, y si no te las sabes apañar tu salud mental puede sufrir un naufragio de narices. La vida es bella, según dicen, pero a los que nos seducen las emociones fuertes nos lo parece sólo a veces, aunque con una intensidad sólo al alcance de marinos arriesgados o escritores suicidas. ¿Qué qué es esto último? Que lo responda un marino, si tiene huevos (con perdón).