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Reflexión a trashora

La vida es una parábola de la realidad, y sólo aquellos que saben descifrar esa parábola y ver la diferencia que hay con el camino recto descubren el sendero seguro de los afortunados. Algunos soñadores irredentos preferimos recorrer la más larga y espinosa senda de la parábola. L.R.

 

Un día cualquiera. Te levantas, decides, decides, decides. Porque la vida es mera elección. Lo que eres es lo que has elegido ser. Ortega diferenciaba entre el mundo, la realidad potencial, que son todas las posibilidades, y la vida efectiva, que es lo que terminamos eligiendo, lo que asumimos ser, lo que decidimos a cada instante. Víctor Frankl dijo que habría que erigir una estatua a la responsabilidad en la costa opuesta –se referiría a San Francisco, supongo- a la de la estatua de la libertad, porque van parejas, son hermanas. Cada decisión conlleva una consecuencia de la que eres responsable, porque tú y sólo tú has decidido eso, has sido un dios menor, pero al cabo un dios, en ese acto tan decisivo. Puede que no seamos conscientes de las consecuencias de lo que hacemos, decidimos a cada instante, pero esas consecuencias conforman al final el devenir del tiempo y acaban configurando la historia. Y todos contribuímos, en mayor o menor medida. Donde estamos, lo que somos, hace milenios que dejó de ser potestad de la Tierra y de los supuestos dioses, de los avatares cósmicos. Es casi en su completa totalidad consecuencia de nuestras decisiones. Hay que tener cuidado con lo que hacemos porque cada vez somos más y el crecimiento se acelera. ¿Acabaremos por luchar por un ridículo espacio para poder vivir sin ser amenazados? ¿O antes de eso se nos agotarán los recursos para mantener activa la máquina compleja y descompensada que hemos creado? Me incluyo en el grupo porque a estas alturas si no soy algo parecido a un ser humano, ¿qué coño soy?


"Es necesario que Dios nos toque el corazón". Montaigne

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