Me entero por casualidad que la Academia de la Lengua prefiere el término ‘alergista’ al de ‘alergólogo’. Tú verás que llevo años sufriendo la cruz de la puñetera alergia y no he conseguido curarme por mor de un matiz léxico. Y lo extraño es que no aparece en las páginas amarillas ‘alergista’ como entrada. ¿Será que como ‘alergólogo’ tienen un retintín evocador de ciencia profunda y arcana –como paleontólogo- todos los alergistas se anuncian como alergólogos? ¿O tal vez que ‘alergista’ destila reminiscencias de corte difuso o equívoco, como masajista o sufragista, y por ende temen los portadores de dicha nominación que les puedan hacer de menos no equiparándoles con los colegas de otras especialidades, prefiriendo para evitarlo ser reconocidos como alergólogos? Todos los alergólogos que he consultado me han dado como caso perdido. Espero encontrar algún día un buen alergista que me redima de mis cada vez más frecuentes malestares, que ya van siendo, a veces, casi suplicios.
Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-. Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...
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