Yo, Bvalltu, el enviado de las estrellas, comienzo a creer que mi estancia en este mundo es la respuesta al deseo de un ente superior cuyos designios son, de momento, una incógnita tanto para los humanos como para los seres de un orden cósmico superior que, como yo mismo, no atinamos a descifrar el oscuro objeto de tal deseo, disposición u orden. Me dice mi madre galáctica, en uno de los muchos contactos mentales que mantenemos, que no existe un principio creador del universo, que no me coma el tarro. Pero no puedo evitar sentirme contagiado por los sobrecogedores rituales de los adoradores de distintos dioses que existen en este planeta, encaminados a ganarse su favor y, en numerosas ocasiones, ponerse hasta el culo de licores diversos, al parecer propiciadores de la conexión con los dioses, pese a que en casi todas las religiones el consumo de alcohol, más cuando precede a un rito de homenaje divino, está no sólo mal visto, sino hasta prohibido. Lamento confesar que desconozco el porqué de hallarme desde hace varios siglos en este orbe y que no sé cuándo concluirá mi ya dilatada estancia. Si después de todo existe un ser superior que todo lo dispone a capricho, me ha hecho un flaco favor situando mi existencia entre gentes tan rudas e ignorantes. Si mi situación es fruto de una desgraciada casualidad, la acepto y ceso en mis quejas. Pero que conste que mejor vida llevaría entre los saturninos, mucho más civilizados y tolerantes que los humanos. ¿Qué cómo lo sé? ¿El qué, que existen los saturninos o que son mejores personas que los humanos? Es que si no concretáis no puedo dar una respuesta adecuada.
Las molestias corporales, cuando por algún motivo se enquistan y se vuelven insidiosas, desmejoran notablemente la calidad de vida. Yo, por ejemplo, debido a una pequeña pero irreductible infección que se manifiesta en forma de perenne cansancio, me veo impedido para escribir mi obra maestra y, quién sabe, tal vez la piedra angular de la literatura del siglo XXI. Nadie recordará dentro unos años (¡qué digo! Unos meses y gracias) las inserciones banales en un blog de un aspirante a escritor. Pero si pudiera escribir esa obra excelsa, es más que probable que estas escasas líneas se subastasen algún día en Sotheby’s y que algún potentado con tanto talento para los negocios como escaso criterio para la apreciación del arte pagase por ellas una fortuna. A veces, muchas veces en mi opinión, la fama es cuestión de detalles, como conocer a la persona adecuada en el momento oportuno, o con más probabilidad ser hijo, sobrino, cuñado o amante de la querida de un subsecretario con menos méritos ...
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