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Lo fantástico diminuto

He leído a muchos entendidos explicar prolijamente cómo se debe escribir un cuento, qué se de evitar y qué jamás omitir. Los mejores cuentos que he leído incumplen escrupulosamente la mayoría de las recomendaciones de tan doctos especialistas, lo cual no invalida los dictámenes de estos, porque mi juicio sobre la excelencia de dichos cuentos es de una parcialidad inmaculada: son los mejores para mí, según mi parecer y sin hacer uso de otra herramienta para evaluarlos que mi criterio estético, que no atiende a normas ni obedece disposiciones.

Hay un ‘Final para un cuento fantástico’, de I. A. Ireland, incorporado por Borges, Bioy Casares y Ocampo a su ‘Antología de la literatura fantástica’ que me parece una genialidad. Es un posible final pero también un cuento completo en sí mismo, una miniatura excelsa que se ha ganado un asiento, pese a su minimalismo, en el olimpo de la literatura fantástica.

Lo reproduzco.

 <<-¡Qué extraño! –dijo la muchacha, avanzando cautelosamente-. ¡Qué puerta más pesada! –La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.

 -¡Dios mío! Dijo el hombre-. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos ha encerrado a los dos!

 -A los dos no. A uno solo –dijo la muchacha.

 Pasó a través de la puerta y desapareció.>>

Comentarios

hombredebarro ha dicho que…
Desde luego, un cuento sólo debe obedecer a las normas que les imponga el proceso de creación de ese cuento, que no es equiparable al de ningún otro.
El ejemplo que muestras es muy interesante, transmite horror y espanto.
De cualquier manera cuando se empieza a escribir cuentos es bueno conocer esas reglas que se dan para "fabricar" cuentos, más que nada para saber contra qué atentar.
un saludo.
Luis Recuenco ha dicho que…
Es cierto, hay que conocer lo que se transgrede.
Un saludo.

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