En la reciente campaña electoral que ha vivido EEUU y durante un encuentro con prosélitos de su partido, estaba el candidato McCain estrechando las manos de sus incondicionales cuando una señora más bien mayor le dijo algo así: “Queremos que usted sea presidente, senador MacCain, y no ese Obama, que es un musulmán”, a lo replicó el candidato con presteza: “Señora, el senador Obama no es musulmán, sino un estadounidense decente”. Las connotaciones de su lapsus verbal evidencian el cariz fundamentalista de las creencias del señor McCain. Él tiene la certeza de que si uno es estadounidense y además decente es imposible que sea musulmán. La proposición inversa, por consiguiente, debe tener la misma validez, esto es, si uno es musulmán no puede ser un americano decente. Pero esta última afirmación es fácilmente refutable ya que existen ciudadanos estadounidenses que profesan la religión de Mahoma, sobre todo en la comunidad afroamericana. Y sería absurdo negar que entre ellos haya alguno decente. Es decir, que un musulmán puede ser estadounidense y también decente, ergo si uno es estadounidense y decente sí puede ser musulmán, como a lo mejor lo es el presidente electo de Estados Unidos. (No hay fundamentalista más peligroso que el que aparenta tener razón.)
Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-. Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...
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