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Frases, monos y frases


No recuerdo ahora quién dijo que somos prisioneros del tiempo, cautivos de la eternidad. Hacer frases contundentes parece ser el trabajo de algunos pensadores. Luego vienen otros que no piensan tanto y los parafrasean si tienen principios éticos o los plagian si no los tienen. Los escritores, por lo general, y como la mayoría de los espíritus libres, que saben cómo librarse de las tiránicas cadenas de la mediocridad, son gente de ética voluble, incluso indefinida, así que el plagio abunda más de lo que sería deseable, sobre todo por los plagiados, que se desesperan viendo cómo en los Tribunales de Justicia los abusos que algunos desalmados cometen con sus conspicuos escritos sufren una prelación de orden inferior a las violaciones y los asesinatos. Y es que la Justicia es a veces tan injusta (acordarme de patentar esta frase).

En uno de los libros que leo estos días –siempre simultaneo cinco o seis-, creo que en ‘Nunca digas noche’, de Amos Oz, un personaje cuenta una historia acerca de un monito perdido o abandonado por su manada, y que es recogido por una familia. Lo crían como si fuese una persona y así se siente al parecer el simio porque se comporta como tal, exhibiendo toda una gama de sentimientos con los que, como las propias personas, se relaciona con los demás miembros de la familia en un plano de igualdad. El monito dio el gran salto evolutivo en apenas unos años. Pero creció y se hizo adulto, y ocurrió algo tan inevitable que nadie pudo haberlo previsto: se enamoró del ama de casa. Ante las evidencias cada vez más incómodas de sus requerimientos sexuales el padre adoptivo decidió que lo menos doloroso para todos sería llevarlo de nuevo a la selva. Se internó más de cien kilómetros en territorio salvaje y lo abandonó. Lo que más le dolió fue el hecho de que por el comportamiento del mono, este sabía qué iba a suceder cuando el jeep parase en medio de la selva. Y su mirada de profundo dolor quedó impresa para siempre en la memoria del hombre.

Hay historias que se escriben solas y otras que para que vean la luz hay que sudar tinta. Yo estoy ahora en un momento que un periodista definiría como un punto de inflexión en mi diletancia literaria. Empecé siendo mudo, literariamente hablando, como todo quisque. Comencé a balbucear mis primeras líneas demasiado tarde y mi aprendizaje fue lento y tortuoso porque yo lo decidí así –tengo una vena masoquista que aflora de cuando en cuando-, siempre fui cabezota y poco propicio a seguir consejos que no he solicitado, así que tardé lo mío en construir párrafos completos. Con el tiempo fui atreviéndome con el lenguaje vetusto de los relatos, y descubrí que aunque tengo mal oído, con perseverancia uno puede llegar a defenderse. Gangoseaba un poco y a veces me quedaba en blanco, la palabra que buscaba no acudía y eso llegaba a cabrearme, pero me fui acostumbrando. Ahora trato de aprender un lenguaje más difícil, más complejo, más rico y también menos asequible. Es la lengua de la novela. No puedo con ella. He ido al doctor y me ha dicho, en un primer diagnóstico, que soy disléxico, que tal vez necesite un logopeda. Yo le he contestado que prefiero ser un novelista tartamudo, y que el que no tenga paciencia que no me lea, tanto me da. Con dos cojones.

(Recuerdo una escena de una comedia clásica en la que una periodista autodidacta y decidida entra en la redacción del periódico y sus compañeros –todos hombres- la piropean y gastan bromas sobre su condición de mujer usurpando el oficio de un hombre. Ella dice en voz alta y sin mirar a ninguno en concreto: ‘Veo que habéis aprendido a hacer frases, chicos, mañana intentadlo con los párrafos.)

Comentarios

Unknown ha dicho que…
¿Puede que sea Next de M.Chrichton?Porque es algo similar. Aunque puede ser coincidencia. A Oz no le conozco.
Me gusta la descripción de tu evolución literaria. Decídete a la novela, aunque sea tartamudeando. Tengo paciencia y la leeré, con dos cojones.
En mis años (lejanos) de trabajo en periodismo no me encontré con ese tipo de compañeros gilipollas. Es muy buena la respuesta de ella.
Luis Recuenco ha dicho que…
Si ya tengo una lectora por anticipado, entonces tendré que corresponder con una novela digna de ser leída por ella. Lo que no sé es cuándo. Espero que más bien pronto.

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