Escribo para acordarme de que estoy vivo (porque el día que consigo con esfuerzo rellenar algunas páginas que decido no arrojar a la papelera porque considero que tal vez merecen –ellas, no yo- el regalo de una breve cuarentena tras la cual las releeré quizá con otros ojos, y entonces tal vez decida romperlas, o no, puede que de nuevo las devuelva al cajón donde guardo mis pensamientos errabundos para que sirvan un día lejano como prueba de que en un pasado que coincide con este presente tuve una identidad, fui, de otra forma a como seré entonces, pero sabré que fui, que pensé, que sentí, que escribí para no olvidarme de que estaba vivo.) Escribo porque sin escribir me convierto en lo que soy en mis pesadillas. Camus dijo que todos acabamos teniendo la cara de nuestras verdades. Yo debo de poner esa cara mientras duermo, porque en los sueños no puedo mentirme. Nadie se engaña cuando sueña, porque los sueños son los testigos ocultos de nuestras más íntimas verdades, los intérpretes de nuestras angustias y, a veces, los valedores de nuestras esperanzas. Escribo para conocerme y para olvidarme, para intimar conmigo y para guardar las distancias, para quererme y para odiarme. Escribo para entender a las personas, para reconciliarme con el mundo, para disfrutar de los amaneceres de paz y de los mares bravíos, para que el universo se convierta por unos minutos en la cueva materna de la que fui expulsado por un pecado desconocido que no cometí, pero cuya culpa me persigue como mi propia sombra. Escribo para no morir, para no tener que vivir muerto. Algún día escribiré para ti.
Las molestias corporales, cuando por algún motivo se enquistan y se vuelven insidiosas, desmejoran notablemente la calidad de vida. Yo, por ejemplo, debido a una pequeña pero irreductible infección que se manifiesta en forma de perenne cansancio, me veo impedido para escribir mi obra maestra y, quién sabe, tal vez la piedra angular de la literatura del siglo XXI. Nadie recordará dentro unos años (¡qué digo! Unos meses y gracias) las inserciones banales en un blog de un aspirante a escritor. Pero si pudiera escribir esa obra excelsa, es más que probable que estas escasas líneas se subastasen algún día en Sotheby’s y que algún potentado con tanto talento para los negocios como escaso criterio para la apreciación del arte pagase por ellas una fortuna. A veces, muchas veces en mi opinión, la fama es cuestión de detalles, como conocer a la persona adecuada en el momento oportuno, o con más probabilidad ser hijo, sobrino, cuñado o amante de la querida de un subsecretario con menos méritos ...
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Un saludo; Luis.
Saludos