Arranco una flor de un mandarino y no sé a quién mutilo, si al árbol o a la flor; tal vez he provocado el aborto del fruto que nunca nacerá de esa flor. La vida es complicada; hagas o dejes de hacer terminas por hacer daño de un modo u otro, queriendo o sin querer. Vivir es lastimar, y también ser lastimado. Vivir intensamente es herir y ser herido profundamente, a la altura del corazón. Hay gente que sobrevive con el corazón atravesado por un puñal, y no se quejan, sólo sufren en silencio con una sonrisa en los labios, la sonrisa de la valentía, del orgullo del íntegro, del indomable. Otros en cambio van de mártires porque les aprietan los zapatos y no saben cómo salir de semejante horror; son los miserables entre miserables, los que no tienen perdón e irán sin duda al infierno de los cobardes, de los ingratos, de los egoístas. Hay dos clases de personas, las que viven y las que pasan por la vida, o la vida pasa por ellas. Las primeras asumen las consecuencias de vivir, las segundas las eluden o las derivan sirviéndose de diversos sistemas hacia los primeros. Es reconfortante saber que después de todo existen congéneres que nos facilitan la vida a base de no eludirla. Gracias.
Las molestias corporales, cuando por algún motivo se enquistan y se vuelven insidiosas, desmejoran notablemente la calidad de vida. Yo, por ejemplo, debido a una pequeña pero irreductible infección que se manifiesta en forma de perenne cansancio, me veo impedido para escribir mi obra maestra y, quién sabe, tal vez la piedra angular de la literatura del siglo XXI. Nadie recordará dentro unos años (¡qué digo! Unos meses y gracias) las inserciones banales en un blog de un aspirante a escritor. Pero si pudiera escribir esa obra excelsa, es más que probable que estas escasas líneas se subastasen algún día en Sotheby’s y que algún potentado con tanto talento para los negocios como escaso criterio para la apreciación del arte pagase por ellas una fortuna. A veces, muchas veces en mi opinión, la fama es cuestión de detalles, como conocer a la persona adecuada en el momento oportuno, o con más probabilidad ser hijo, sobrino, cuñado o amante de la querida de un subsecretario con menos méritos ...
Comentarios
A una de ellas no podemos escapar. A las otras dos, como tú dices, o nos enfrentamos a lo que hay o huimos. Ser valiente siempre es muy duro. la carne es débil. Y esta vida es una selva. Un saludo.