Ir al contenido principal

¿La última mohicana?


La curiosidad por los asuntos de una comunidad que casi todos sus miembros siempre han mantenido ha constituido una de las bases grupales para el desarrollo de las sociedades. Bien sea canalizado por cauces de creatividad más o menos individual, o bien orientado a una promesa de beneficio futuro basada en la conjunción de esfuerzos hermanados, esa innata curiosidad de los individuos ha posibilitado los resultados parejos o dispares, benéficos o perjudiciales, útiles o prescindibles que sustentan la base de lo que denominamos progreso. Un grupo especialmente significativo por lo que al régimen de la comunidad atañe es el de los políticos, personas consagradas a establecer los modos y los métodos con los que la sociedad ha de basar su convivencia y su posterior desarrollo.

Los políticos determinan con el consenso periódico del resto de los ciudadanos (en sociedades con regímenes democráticos) la evolución de la comunidad, tanto en buenos como en malos tiempos. Cuando las cosas van bien no suele haber desacuerdo entre los estamentos sociales y los políticos. Pero cuando el panorama se pone feo, las tensiones son inevitables. Esas tensiones son, por otra parte, fundamentales para mantener viva una llama sociopolítica que debe alumbrar, igual que un faro, un determinado rumbo a seguir para evitar un adormecimiento social que podría suponer un peligro para el futuro de la sociedad. El problema serio siempre surge cuando las tensiones sociales cristalizan en serios cismas estamentales o, peor aún, en desidia generalizada de la ciudadanía. Este último fenómeno es muy reciente en las naciones desarrolladas y nace de la ilusión colectiva de que existe una suerte de 'varita mágica' que en último término pondrá fin a las calamidades colectivas con la invocación in extremis de una solución definitiva que nos salve de toda catástrofe, igual que un mago que saca un conejo salvador de su chistera.

No es mi propósito ni mi capacidad entrar a considerar los derroteros mentales que llevan a toda una colectividad a suponer semejante disparate. Sí me alarma, y mucho, que sobre todo los políticos, referentes y guías de la sociedad, lleguen a creer tal dislate. Y que esperen mano sobre mano a que una solución redentora les saque del atolladero a que ellos mismos se han condenado por incompetencia. De momento, la solución provisional la van proporcionando otros políticos menos mentecatos. La cuestión es: ¿Qué ocurrirá cuando todo dependa de un solo político, o un solo mentecato? ¿Y si el futuro es ahora?

Comentarios

pepa mas gisbert ha dicho que…
La cuestión es que ya todo depende de un solo político, solo resta esperar que no sea un mentecato.

Me alegra "verte".
Luis Recuenco ha dicho que…
A mí también me alegra, Alma.

Un abrazo.

Entradas populares de este blog

El ocio de Bvalltu

Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-.    Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...

Apuesta

Las molestias corporales, cuando por algún motivo se enquistan y se vuelven insidiosas, desmejoran notablemente la calidad de vida. Yo, por ejemplo, debido a una pequeña pero irreductible infección que se manifiesta en forma de perenne cansancio, me veo impedido para escribir mi obra maestra y, quién sabe, tal vez la piedra angular de la literatura del siglo XXI. Nadie recordará dentro unos años (¡qué digo! Unos meses y gracias) las inserciones banales en un blog de un aspirante a escritor. Pero si pudiera escribir esa obra excelsa, es más que probable que estas escasas líneas se subastasen algún día en Sotheby’s y que algún potentado con tanto talento para los negocios como escaso criterio para la apreciación del arte pagase por ellas una fortuna. A veces, muchas veces en mi opinión, la fama es cuestión de detalles, como conocer a la persona adecuada en el momento oportuno, o con más probabilidad ser hijo, sobrino, cuñado o amante de la querida de un subsecretario con menos méritos ...

Si un hombre...

Si un hombre de traje muy caro y sentado en la cornisa de la azotea de un rascacielos lee aparentemente tranquilo un libro titulado “10 razones para no saltar”, no es aventurado suponer cuál puede ser su estado de ánimo, y aún su previsible intención de futuro. Si un hombre vestido con un traje de marca que sube en el ascensor de un gran edificio observa con mirada fija e imperturbable la bajada de pasajeros de viaje piso tras piso mientra él espera hasta la azotea para apearse, es razonable que uno sienta curiosidad. Si un hombre sale por la puerta de una entidad financiera con su exquisito traje hecho a medida mientras sostiene con su mano derecha una cartera de piel extrañamente abierta hasta quedar desdoblada dejando caer al suelo su contenido de informes, expedientes, papeles de diversa importancia y hasta su móvil (¡su móvil!) mientras sostiene con fuerza en su mano izquierda un libro y en su mirada se lee una decisión sin retorno, no es de extrañar que lo miren ...