Viajar siempre gratifica. Primero, porque aporta conocimiento, cultura nueva hasta ese momento ignorada, un ángulo diferente con que contemplar la vida. Segundo, porque el viaje te obliga de un modo misterioso a salir de ti, a reconocerte ( o a intentar reconocerte) en un entorno nuevo y desconocido, muy diferente al acostumbrado, incluso hostil. Tercero, porque a la vuelta te descubres como una persona distinta de la que fuiste al marchar, una persona mejor, más comprensiva, más sabia o más adulta, pero mejor. Si tuviésemos la posibilidad de conocer una por una a todas las personas que habitan este planeta, de comprender sus porqués y sus cómos, todos seríamos más comprensivos con todos, todo iría mejor. Tal vez.
Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-. Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...
Comentarios
Ayer, una amiga me contaba, un tanto compungida, los avatares de un reciente viaje en compañía de su novio (no puedo evitar una carcajada mientras escribo). Éste, comentaba ella, llevaba una cámara digital y, cada vez que sacaba una foto, por ejemplo, de un monumento o de una fachada importante, casi inmediatamente se ponía a revisar todas las fotos desde el principio y, básicamente, trataba el presente como si fuera un pasado lejano, por mucho que el monumento o, la fachada, siguiera estando allí delante de sus narices.
Sí,hacer maletas y dejar algunas cosas atrás.
Un fuerte abrazo,amigo.