Viajar siempre gratifica. Primero, porque aporta conocimiento, cultura nueva hasta ese momento ignorada, un ángulo diferente con que contemplar la vida. Segundo, porque el viaje te obliga de un modo misterioso a salir de ti, a reconocerte ( o a intentar reconocerte) en un entorno nuevo y desconocido, muy diferente al acostumbrado, incluso hostil. Tercero, porque a la vuelta te descubres como una persona distinta de la que fuiste al marchar, una persona mejor, más comprensiva, más sabia o más adulta, pero mejor. Si tuviésemos la posibilidad de conocer una por una a todas las personas que habitan este planeta, de comprender sus porqués y sus cómos, todos seríamos más comprensivos con todos, todo iría mejor. Tal vez.
El viento de fuego abrasaba su piel y le mantenía vivo y alerta. La vasta extensión de arena que se extendía ante su vista era la alegoría de la superación del sufrimiento por la voluntad que él buscaba cuando se adentró solo en aquel desierto tétrico. Siempre tuvo la remota sospecha de que algún día, de alguna manera, tendría que poner a prueba su capacidad de supervivencia, porque el mundo cómodo y abúlico que le había tocado en suerte lo rechazaba desde el fondo de sus entrañas, abominaba de él y de los que lo habitaban, por eso siempre fue solitario y huraño. No pasaba día sin dedicar unos minutos de desprecio a cuanto le había sido concedido sin haberlo él solicitado. Tenía la certeza de haber nacido para encontrar sus límites y vivir en el territorio fronterizo de la muerte, vivir allí y sólo allí con plenitud, con la euforia del suicida que demora voluptuosamente el instante definitivo, con la paz de espíritu que proporciona una hemorragia de adrenalina. Pocas cosas aprendió e...
Comentarios
Ayer, una amiga me contaba, un tanto compungida, los avatares de un reciente viaje en compañía de su novio (no puedo evitar una carcajada mientras escribo). Éste, comentaba ella, llevaba una cámara digital y, cada vez que sacaba una foto, por ejemplo, de un monumento o de una fachada importante, casi inmediatamente se ponía a revisar todas las fotos desde el principio y, básicamente, trataba el presente como si fuera un pasado lejano, por mucho que el monumento o, la fachada, siguiera estando allí delante de sus narices.
Sí,hacer maletas y dejar algunas cosas atrás.
Un fuerte abrazo,amigo.