Es
difícil acostumbrase a dejar de ser joven, porque joven es lo que
uno ha sido toda la vida. La frase es de Oscar Wilde, que como murió
joven no tuvo tiempo para cosechar el fruto de su ingenio. ¿Y lo
deseaba? Ni puta idea, porque al carecer de ese envidiado -no cabe
duda- y endiablado reflejo intelectual no puede uno -seguro que sí
otro- tener la seguridad de si hablaba el hombre por experiencia
propia -dudoso, murió relativamente joven- o si brindaba otra de sus
frases a la posteridad. En cualquier caso, él fue joven toda su
vida. Porque su talento no fue concebido para durar más que su ardor
juvenil. Y porque los genios deben morir a tiempo. Hay que saber
cuándo morir, y si no se sabe reconocer la fecha con exactitud,
tratar de no morir el día de antes.
Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-. Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...
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