Bvalltu me recrimina la comida que he
tenido con mis amigos. Paco Acedo, Manolo Bernal, Juli Recuenco,
Fernando Bernal y un servidor. Es una comida en plan tertulia donde
comentamos diversas nimiedades y contamos chistes malos. La comida es
una excusa, lo que importa es la reunión de amigos, de viejos amigos
que se han querido a lo largo del tiempo y cualquier excusa les vale
para reunirse de nuevo. Juli, Fernando y Paco quedan para recorrer
quince quilómetros sabe Dios con qué propósito. No cuentan
conmigo, intuyo que por envidia, ¿y si yo hiciera el mismo recorrido
en la mitad de tiempo? ¿Y si , en el mismo tiempo, recorriera el
doble? Bromeo, claro, no es una competición sino un pasatiempo
deportivo. Luego, la comida. El ambiente algo soso, ¿por qué? Los
chistes, diría, pero también algo más. La próxima será mejor,
Bvalltu, no me regañes.
Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-. Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...
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