Una de las putadas de las
relaciones sentimentales es que tienen un fin. Unas veces -en el
mejor de los casos aunque suene tétrico- por el fallecimiento de uno
de los amantes, otras, las más por un desacuerdo en cuyo amplio
espectro es imposible profundizar. En resumen, que se acaba; finito.
Yo he pasado por varias y puedo atestiguar que lo peor es siempre el
final. Una putada muy didáctica que nos muestra en un periodo
relativamente corto la brevedad de la vida. Si reponerse y subsistir
como acto reflejo de supervivencia tiene sentido es algo que se
escapa a mi entendimiento. Porque vivir con dolor, con ese tipo de
dolor, comprendo que sea cuestionable y haya quien opte por no
sufrir. La vida es corta y debe ser acometida con intensidad, por eso
cuando a causa de una pena de amor languidecemos el recurso de
'adiós, muy buenas' debe ser entendido y disculpado. Pero siempre
podemos elegir lo contrario y apechar con la pena a pecho
descubierto. Esta opción es la preferida de las mujeres, obviando la
metáfora, porque han nacido con dos cojones, obviando de nuevo la
metáfora. Ya quisiéramos los tíos tener los huevos con que se
enfrentan a la vida y sus avatares las tías. Sin metáfora que
valga.
El viento de fuego abrasaba su piel y le mantenía vivo y alerta. La vasta extensión de arena que se extendía ante su vista era la alegoría de la superación del sufrimiento por la voluntad que él buscaba cuando se adentró solo en aquel desierto tétrico. Siempre tuvo la remota sospecha de que algún día, de alguna manera, tendría que poner a prueba su capacidad de supervivencia, porque el mundo cómodo y abúlico que le había tocado en suerte lo rechazaba desde el fondo de sus entrañas, abominaba de él y de los que lo habitaban, por eso siempre fue solitario y huraño. No pasaba día sin dedicar unos minutos de desprecio a cuanto le había sido concedido sin haberlo él solicitado. Tenía la certeza de haber nacido para encontrar sus límites y vivir en el territorio fronterizo de la muerte, vivir allí y sólo allí con plenitud, con la euforia del suicida que demora voluptuosamente el instante definitivo, con la paz de espíritu que proporciona una hemorragia de adrenalina. Pocas cosas aprendió e...
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