Una de las putadas de las
relaciones sentimentales es que tienen un fin. Unas veces -en el
mejor de los casos aunque suene tétrico- por el fallecimiento de uno
de los amantes, otras, las más por un desacuerdo en cuyo amplio
espectro es imposible profundizar. En resumen, que se acaba; finito.
Yo he pasado por varias y puedo atestiguar que lo peor es siempre el
final. Una putada muy didáctica que nos muestra en un periodo
relativamente corto la brevedad de la vida. Si reponerse y subsistir
como acto reflejo de supervivencia tiene sentido es algo que se
escapa a mi entendimiento. Porque vivir con dolor, con ese tipo de
dolor, comprendo que sea cuestionable y haya quien opte por no
sufrir. La vida es corta y debe ser acometida con intensidad, por eso
cuando a causa de una pena de amor languidecemos el recurso de
'adiós, muy buenas' debe ser entendido y disculpado. Pero siempre
podemos elegir lo contrario y apechar con la pena a pecho
descubierto. Esta opción es la preferida de las mujeres, obviando la
metáfora, porque han nacido con dos cojones, obviando de nuevo la
metáfora. Ya quisiéramos los tíos tener los huevos con que se
enfrentan a la vida y sus avatares las tías. Sin metáfora que
valga.
Las molestias corporales, cuando por algún motivo se enquistan y se vuelven insidiosas, desmejoran notablemente la calidad de vida. Yo, por ejemplo, debido a una pequeña pero irreductible infección que se manifiesta en forma de perenne cansancio, me veo impedido para escribir mi obra maestra y, quién sabe, tal vez la piedra angular de la literatura del siglo XXI. Nadie recordará dentro unos años (¡qué digo! Unos meses y gracias) las inserciones banales en un blog de un aspirante a escritor. Pero si pudiera escribir esa obra excelsa, es más que probable que estas escasas líneas se subastasen algún día en Sotheby’s y que algún potentado con tanto talento para los negocios como escaso criterio para la apreciación del arte pagase por ellas una fortuna. A veces, muchas veces en mi opinión, la fama es cuestión de detalles, como conocer a la persona adecuada en el momento oportuno, o con más probabilidad ser hijo, sobrino, cuñado o amante de la querida de un subsecretario con menos méritos ...
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