Vas de hotel en hotel
buscando un refugio definitivo, una estancia que te haga evocar un
hogar, un plácido remanso de paz que mitigue tus dolencias por los
siglos de los siglos. Cada hotel te ofrece una promesa más deseada
que real. Cada hotel acaba con tus sueños como una amante con prisas
y al final hastiada. Búscate una casa propia, desgraciado, donde
esconder tus miserias y sin testigos de tu banalidad, una casa que
guarde tus secretos y tal vez ilumine tu incierto camino hacia la
muerte. Un hotel que sustituya tu vaga idea de una paz otoñal en una
casa plena de matices, de recuerdos, de felicidad. Hoteles así solo
hay en tus sueños, donde dormido vives tu auténtica realidad,
hoteles de paso, hoteles de invierno, hoteles cerrados al mundo real.
En París y Roma, El Cairo y Alejandría, en Amsterdam y en Siracusa,
donde se quiera buscar, habrá siempre un soñador con cara triste en
un hotel que solo admite clientes que no saben adónde van. Porque yo
transito la tierra sin destino fijo, sin planes concretos, sin misión
alguna, sin finalidad; y aunque finalizo todos mis viajes solo uno de
ellos he de culminar con una sonrisa de deber cumplido, y un guiño a
la muerte que ella entenderá.
Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-. Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...
Comentarios