Ayer mi vida se vio
sacudida por un seísmo de proporciones apocalípticas. Ya no podrá
volver a ser la misma por más que yo lo pretenda. Como nunca me
había ocurrido algo semejante estoy falto de referencias para
expresar con claridad el suceso extremo que me perturbó ya para
siempre. Fue algo brutal y dulce al mismo tiempo, un alud de nieve y
un incendio furioso, una colisión astral en el jardín de mi casa.
Acontecimientos así te marcan para siempre, alteran tus códigos,
prioridades, preferencias y te abandonan, empapado del sudor del
miedo, en medio de un campo en barbecho, tu vida en barbecho, tu vida
hasta entonces predecible como las estaciones y apacible como un
trigal dejándose mecer por el viento. Ayer pude oír una frase
(“¿Papá, vamos esta tarde al cine?”) que volvió mi mundo del
revés. Una frase dicha por una niña de seis años en cuyos ojos
negros vi reflejada la cara de mi muerte. Los ojos de mi hija, la que
no tuvo la menor oportunidad de nacer y en cuya alma inexistente
pensaré hasta la locura los días que me sean concedidos. Eso fue
ayer, cuando aún vivía entre vosotros.
El viento de fuego abrasaba su piel y le mantenía vivo y alerta. La vasta extensión de arena que se extendía ante su vista era la alegoría de la superación del sufrimiento por la voluntad que él buscaba cuando se adentró solo en aquel desierto tétrico. Siempre tuvo la remota sospecha de que algún día, de alguna manera, tendría que poner a prueba su capacidad de supervivencia, porque el mundo cómodo y abúlico que le había tocado en suerte lo rechazaba desde el fondo de sus entrañas, abominaba de él y de los que lo habitaban, por eso siempre fue solitario y huraño. No pasaba día sin dedicar unos minutos de desprecio a cuanto le había sido concedido sin haberlo él solicitado. Tenía la certeza de haber nacido para encontrar sus límites y vivir en el territorio fronterizo de la muerte, vivir allí y sólo allí con plenitud, con la euforia del suicida que demora voluptuosamente el instante definitivo, con la paz de espíritu que proporciona una hemorragia de adrenalina. Pocas cosas aprendió e...
Comentarios