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Cagado de amores


En este universo que habitamos casi todo está sujeto a unas normas que, con independencia de quien las dictara, se empeñan en seguir cumpliéndose a lo largo de los milenios. Hay normas naturales para casi todo, y casi nada puede el ser humano al respecto. Llueve, sales de todas formas y ya diluvia. Lavas el coche y lo mismo. Una noche romántica con una chica a la que después del cine invitas a cenar y va llueve, a mares. Contemporizas haciendo piruetas con tu libido pero al final todo al carajo. Una pareja va de vacaciones de novios a Puerto Rico y les pilla un huracán. No uno cualquiera, sino el Yolanda, el más devastador de los últimos centenios. La materia que acumulan para contar a los nietos no compensa la manera de jugarse la vida en fechas tan señaladas para ellos. Es evidente que designios mayores gobiernan nuestra vidas. Y esto me trae a la cabeza las cosas del amor. Uno no ama por amar, como si fuese el resultado de una ecuación; al revés, uno ama a pesar de ese resultado. Lo importante es no cagarla, al menos en los comienzos. <>. En el cagar, como en el amar, todo es empezar. (Rafaella Carrá?). Empezar a cagarla, quiero decir. Y a partir de ahí...

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