En este universo que
habitamos casi todo está sujeto a unas normas que, con independencia
de quien las dictara, se empeñan en seguir cumpliéndose a lo largo
de los milenios. Hay normas naturales para casi todo, y casi nada
puede el ser humano al respecto. Llueve, sales de todas formas y ya
diluvia. Lavas el coche y lo mismo. Una noche romántica con una
chica a la que después del cine invitas a cenar y va llueve, a
mares. Contemporizas haciendo piruetas con tu libido pero al final
todo al carajo. Una pareja va de vacaciones de novios a Puerto Rico y
les pilla un huracán. No uno cualquiera, sino el Yolanda, el más
devastador de los últimos centenios. La materia que acumulan para
contar a los nietos no compensa la manera de jugarse la vida en
fechas tan señaladas para ellos. Es evidente que designios mayores
gobiernan nuestra vidas. Y esto me trae a la cabeza las cosas del
amor. Uno no ama por amar, como si fuese el resultado de una
ecuación; al revés, uno ama a pesar de ese resultado. Lo importante
es no cagarla, al menos en los comienzos. <>. En el cagar, como en el amar,
todo es empezar. (Rafaella Carrá?). Empezar a cagarla, quiero decir.
Y a partir de ahí...
Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-. Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...
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