Hace dos días regresé de
mi último viaje. Estoy cansado, ha sido una paliza. Como no soy un
viajero al uso me meto en líos. No voy a restaurantes de postín ni
visito zoos o atracciones, simplemente paseo de sol a sol por calles
que a veces se vuelven siniestras, aunque jamás me siento amenazado,
tal vez porque cuando me sumerjo en una cultura desconocida no sé
qué debo temer, o tal vez porque mi ignorancia me vuelve temerario;
tanto da. Me gusta perderme en medio de las multitudes porque es
cuando más disfruto de la soledad. Me relaciono lo imprescindible
para no creerme muerto, pero nunca voy más allá de la mera
cortesía. Encuentro rincones hermosos que no salen en las guías y
me siento a desvariar con los recuerdos de lecturas muy tempranas que
ya me auguraban que conocería esos sitios. Disfruto y vivo, a veces
lloro, la hermosura del conocimiento inesperado siempre me ha tocado
la fibra. Al final vuelvo a casa con el alma más henchida,
sabiéndome más comprensivo y menos tonto. Y tras unos días vuelvo
a planear otro viaje dentro del viaje que es mi vida, que es también
cualquier vida. Del último no voy a regresar, por eso cuento lo que
siento mientras puedo.
Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-. Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...
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