Ir al contenido principal

Putos fantasmas

No me considero una persona aprensiva, pero las cosas que suceden en casa de mi madre es para reconsiderarlo. La casa tiene tres plantas y está incrustada en roca encima del mar. Yo suelo dormir en una pequeña habitación del piso de abajo, no en la mía o la que me destinaron en su momento, sino en la chiquitita pensada -pienso yo- para invitados.
La pequeñina del piso más bajo, repito. Pues allí se oyen ruidos muy extraños, sobre todo taconeos como de mujer terminando su puesta a punto para un evento social, solo que nunca acaba. Taconea y taconea y cuando ya estoy por dormirme le surge un último quehacer que me termina por desvelar. Y así cada noche que paso en esa habitación. La casa, que yo sepa, ha sido modificada en varias ocasiones, pero creo recordar que hace mucho tiempo fue una casa de putas, o al menos eso me dijeron los del pueblo. Así que asociar putas y taconeo es una idea que me sale del alma, y no es que sea solo un presentimiento sino una certeza íntima. Una puta que no acaba nunca de, quién sabe, retocarse por ejemplo para atender a su próximo cliente, o tal vez tiene un solo cliente que la tiene loca y por eso no acaba con sus retoques, con sus idas sin descanso al tocador para ofrecerse lo más guapa posible a su cliente/amado. Pero yo soy un convencido de la existencia de los fantasmas, así que sus taconeos más que asustarme me intrigan y a veces me fastidian. Por eso decía lo de reconsiderar mi falta de aprensividad y acojonarme un poco por ver si reaccionando como la mayoría de las personas esta puta se da por satisfecha y deja de jorobarme las noches. Otra posibilidad -fuera de mi alcance- es que se materializase y me tocase los cojones como mandan los cánones putíferos, con happy end. Lo de la tarifa es lo que veo complicado de acordar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El ocio de Bvalltu

Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-.    Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...

El desierto

El viento de fuego abrasaba su piel y le mantenía vivo y alerta. La vasta extensión de arena que se extendía ante su vista era la alegoría de la superación del sufrimiento por la voluntad que él buscaba cuando se adentró solo en aquel desierto tétrico. Siempre tuvo la remota sospecha de que algún día, de alguna manera, tendría que poner a prueba su capacidad de supervivencia, porque el mundo cómodo y abúlico que le había tocado en suerte lo rechazaba desde el fondo de sus entrañas, abominaba de él y de los que lo habitaban, por eso siempre fue solitario y huraño. No pasaba día sin dedicar unos minutos de desprecio a cuanto le había sido concedido sin haberlo él solicitado. Tenía la certeza de haber nacido para encontrar sus límites y vivir en el territorio fronterizo de la muerte, vivir allí y sólo allí con plenitud, con la euforia del suicida que demora voluptuosamente el instante definitivo, con la paz de espíritu que proporciona una hemorragia de adrenalina. Pocas cosas aprendió e...

Apuesta

Las molestias corporales, cuando por algún motivo se enquistan y se vuelven insidiosas, desmejoran notablemente la calidad de vida. Yo, por ejemplo, debido a una pequeña pero irreductible infección que se manifiesta en forma de perenne cansancio, me veo impedido para escribir mi obra maestra y, quién sabe, tal vez la piedra angular de la literatura del siglo XXI. Nadie recordará dentro unos años (¡qué digo! Unos meses y gracias) las inserciones banales en un blog de un aspirante a escritor. Pero si pudiera escribir esa obra excelsa, es más que probable que estas escasas líneas se subastasen algún día en Sotheby’s y que algún potentado con tanto talento para los negocios como escaso criterio para la apreciación del arte pagase por ellas una fortuna. A veces, muchas veces en mi opinión, la fama es cuestión de detalles, como conocer a la persona adecuada en el momento oportuno, o con más probabilidad ser hijo, sobrino, cuñado o amante de la querida de un subsecretario con menos méritos ...