Ir al contenido principal

Que te den

Hay maneras y maneras de decir las cosas. Cada uno las dice como puede, quiere o sabe. A mí me gustan las maneras de los que solo pueden expresarse de un modo, el que les dictan sus corazones. Son , valga la redundancia, todo corazón. A estas personas
no les echo cuenta si dicen algún exabrupto; si, digamos, suenan a brutos o incluso lo son. Al margen de la razón que pueda o no asistir a sus argumentos destilan sinceridad, son buena gente. Nada que ver con los que se saben expresar a medida, porque utilizan sus saberes para manipular las disputas verbales, que de ser escritas se llamarían polémicas -les invito a buscar la diferencia semántica entre ambas palabras en un buen diccionario-. Pero lo que más me divierte es oír razones muy cuestionables expresadas bajo la ira del momento, por personas que están acostumbradas a la cortesía. A eso le llamo yo hipocresía de lapsus, es decir, que por un momento de secuestro emocional sacan ellos a relucir sus verdaderos sentimientos prescindiendo, intuyo que a su pesar, de las buenas maneras, que pretenden recobrar cuanto antes, pero para entonces ya es tarde. La gente no es tonta, tontolculo, salvo yo que soy muy tonto, y que al escribir esto estoy mandando a tomar por saco a un listo muy listo que se ha pasado y retratado en unos escasos quince minutos. Adiós, goodbye my friend, que te vayan dando por donde amargan los pepinos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El ocio de Bvalltu

Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-.    Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...

El desierto

El viento de fuego abrasaba su piel y le mantenía vivo y alerta. La vasta extensión de arena que se extendía ante su vista era la alegoría de la superación del sufrimiento por la voluntad que él buscaba cuando se adentró solo en aquel desierto tétrico. Siempre tuvo la remota sospecha de que algún día, de alguna manera, tendría que poner a prueba su capacidad de supervivencia, porque el mundo cómodo y abúlico que le había tocado en suerte lo rechazaba desde el fondo de sus entrañas, abominaba de él y de los que lo habitaban, por eso siempre fue solitario y huraño. No pasaba día sin dedicar unos minutos de desprecio a cuanto le había sido concedido sin haberlo él solicitado. Tenía la certeza de haber nacido para encontrar sus límites y vivir en el territorio fronterizo de la muerte, vivir allí y sólo allí con plenitud, con la euforia del suicida que demora voluptuosamente el instante definitivo, con la paz de espíritu que proporciona una hemorragia de adrenalina. Pocas cosas aprendió e...

Apuesta

Las molestias corporales, cuando por algún motivo se enquistan y se vuelven insidiosas, desmejoran notablemente la calidad de vida. Yo, por ejemplo, debido a una pequeña pero irreductible infección que se manifiesta en forma de perenne cansancio, me veo impedido para escribir mi obra maestra y, quién sabe, tal vez la piedra angular de la literatura del siglo XXI. Nadie recordará dentro unos años (¡qué digo! Unos meses y gracias) las inserciones banales en un blog de un aspirante a escritor. Pero si pudiera escribir esa obra excelsa, es más que probable que estas escasas líneas se subastasen algún día en Sotheby’s y que algún potentado con tanto talento para los negocios como escaso criterio para la apreciación del arte pagase por ellas una fortuna. A veces, muchas veces en mi opinión, la fama es cuestión de detalles, como conocer a la persona adecuada en el momento oportuno, o con más probabilidad ser hijo, sobrino, cuñado o amante de la querida de un subsecretario con menos méritos ...