Ir al contenido principal

Entradas

Paradojas

Resulta curioso lo paradójico que puede llegar a ser este mundo, donde sólo los ingenuos o los desinformados creen todavía en las paradojas (que se puede definir como aquello que encierra una contradicción, como un servidor). Es paradójico, por ejemplo, que las palabras ‘alergia’ y alegría’ sean anagramas una de la otra, como si estuvieran muy cerca en la pragmática de la vida, cuando yo, que padezco la primera y a veces disfruto de la segunda, puedo asegurar que jamás se dan ambas a un mismo tiempo: la presencia de una desplaza de inmediato a la otra. No pueden estar, por lo tanto, más alejadas entre sí. ‘Magnate’ y ‘mangante’ son tan fácilmente confundibles como ‘gimnasia’ y magnesia’, pero mientras que las dos primeras lo son de facto, tanto que se pueden intercambiar sin alterar el significado de los enunciados que las contengan, las del segundo par, en cambio, nunca se llegan a trastocar por formar parte de un conocido aforismo que, paradójicamente, enfatiza el peligro de caer e...

Tiempo

Atrapado entre dos instantes de mi vida, siento que estoy viviendo dentro de un paréntesis, de un inciso en el tiempo, de un intermedio entre dos actos de mi propia tragicomedia. Nada percibo a través de los sentidos, que parecen haber dejado de funcionar temporalmente; no estoy para nadie: cerrado por reformas, vuelvan otro día, otro siglo, déjenme vegetar en tranquilidad. No distingo la vigilia del sueño, a veces creo que despierto cuando en realidad acabo de dormirme, y dormido sueño que me duermo para acabar despertando. Con el paso de los días, la realidad va perdiendo sus matices y se desdibujan los recuerdos, trastocando el orden de los acontecimientos y mezclando pasado con futuro en una suerte de tiovivo con espejos y luces de colores donde todo suceso no es más que el reflejo de sí mismo y toda verdad su propia sombra. Nado entre dos aguas, zigzagueando como el destello plateado de un cardumen, buscando una corriente propicia que me restituya a un tiempo y a un universo inm...

De paso

Seguí a la chica a una distancia prudencial, como suele decirse. Sólo la perdía de vista cuando doblaba alguna esquina o entraba en alguna tienda de ropa femenina. Había muchas en aquella zona, Rodeo Drive, el corazón comercial y putero de Los Ángeles. Yo sólo estaba de paso, cumpliendo un encargo de un cliente de Nueva York. Tenía que liquidar a un tipo que le debía dinero a mi cliente, un moroso, un listillo, un cadáver que aún andaba, por poco tiempo. Soy muy bueno en lo mío, mis tarifas no están al alcance de cualquiera, pero quien las paga sabe que hace un buen negocio y pagaría más de buen grado, si hiciera falta. Llegué a L.A. en el vuelo de las 8:30. Fui en taxi hasta el barrio del futuro fiambre; bajé del coche antes de llegar a su mansión de estilo colonial pintada de color caldera, una fortuna, una horterada, los ricos prefieren que los maten antes que no dar la nota. Me refugié tras una palmera y esperé; salió con su matón media hora más tarde y se subieron en un enorme C...

Sin ti

El problema del domino del pensamiento abstracto sobre los sentidos, del imperio de la razón sobre todas las cosas es que las acaba por sacar de quicio. El ‘Pienso, luego existo’ cartesiano es una premisa baladí (y tal vez errónea) sobre la que se construyó un universo liderado por la férrea dictadura de las Ideas que desnaturalizó la esencia misma de ese universo, que nada tiene que ver con lo que sobre él pensemos los humanos –y bien poco le debe importar-. La vida es como tiene que ser mientras no se demuestre lo contrario, y la inteligencia debe servir para cambiar de la vida lo que nuestra sensatez nos indique que se debe corregir y además sea susceptible de ser corregido. No comulgo con aquellos que pretenden que todo puede ser cognoscible, me parece una pretensión mentecata preñada de soberbia. Ni con quienes rellenan las lagunas del conocimiento con fantasías celestiales y promesas de profetas que que pretenden cautivarnos con mundos ilusorios de eterna fantasía. Sólo con los...

Ausencias

Ella tenía la seguridad de que él siempre estaba en otra parte, aunque estuviera con ella. Lo que comenzó como una oleada de despistes que lo atacaban en cualquier momento y lo apartaban de ella durante unos minutos interminables, se fue agudizando con el paso de los meses para transformarse en una ausencia completa de identidad siempre que ella estaba junto a él, en un estar y no estar, o un ser y no ser, porque para ella, durante esos inacabables segundos y minutos y hasta horas en que él se ausentaba sin marcharse de su vera, durante los que se vaciaba interiormente y dejaba en su lugar aquella cáscara hueca que a ella cada vez le costaba más identificar con su cuerpo, en aquellas ocasiones para ella él ya no era aquello por la simple razón de que aquello no era él, sencillamente no estaba, se había esfumado o volatilizado o tal vez su esencia, su alma –se resistía a usar este término, alma, porque no era creyente- había subido a los cielos o bajado a los infiernos dejando allí su...

El cartero

Esta mañana el cartero ha llamado al timbre. Dos veces, como siempre. El reconocimiento de la cotidianidad del hecho calmó mis nervios alterados por el primer timbrazo. Asumí resignado, mientras lo recibía de manos del funcionario, la pérdida de tiempo que la lectura del correo me acarrearía. Bancos, aseguradoras y proveedores de servicios telefónicos y de Internet han usurpado prosaicamente la costumbre epistolar de acordarse de uno que hace décadas era más propia de novias y amigos, aunque en mi caso esas epístolas se han mantenido siempre dentro del ámbito del deseo secreto, de un anhelo de romanticismo literario mediante el cruce de cartas no menos banales que las conversaciones telefónicas y otros métodos modernos que las han acabado por sustituir. Hoy en día la novia te envía un email y el director del banco te escribe una carta, en una suerte de romanticismo inverso que despoja de encanto los contenidos, sobre todos los de los emails amorosos, porque un comunicado bancario de ...

Creer o no creer

La credulidad es un asunto escurridizo, y no admite teorías ni soporta criterios, pero sí se puede asegurar acerca de ella que ha sido la base de los más cruentos odios entre los pueblos que en el mundo han sido. Hay quien sólo cree cuando ve, aun a riesgo de ser traicionado por el incierto sentido de la vista, y sólo a su veleidosa certeza se remite para sustentar la creencia recién adquirida; luego hay quien cree y entonces ve, y ve al parecer algo muy diferente de lo que había visto hasta el momento glorioso de la revelación, y eso le transforma la vida para bien y lo hace más feliz porque le da sentido, lo acerca a la verdad, o al menos a su verdad, aunque no siempre ocurra lo mismo con quienes le rodean, sobre todo si ellos no han conseguido ver también, o sí han visto pero ha sido algo diferente, y entonces la cosa ya se complica; también hay quien no cree ni aún habiendo visto; y quienes creyendo siempre no consiguen nunca ver. Pero cuando la creencia arraiga en los corazones ...