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Breve aclaración

Creo que dejé incompleto mi post sobre lecturas más o menos obligadas. Y, lo confieso, no lo escribí tal cual lo sentía por la pereza de la hora, quiero decir que lo cercené a sabiendas, con esa crueldad indolente que anticipa el pecado de desidia. No creo que haya libros de obligada lectura, pero sí una especie de bibliografía personal forjada con los hallazgos proverbiales y las recomendaciones más o menos acertadas que van conformando una biblioteca vital, obviamente escasa, cuya lectura nos aportará, según el caso, diferentes interpretaciones de la vida. Quiero decir que la única posibilidad de honestidad es leer tal y como se vive, a la buena aventura, y no ciñéndose a un disparatado programa cuya urdimbre, para ser creíble, tendría que estar tramada en el Parnaso. Me acabo de dar cuenta de que trato de justificar una postura intelectual. Que cada cual lea a su modo y sírvase el pretendido erudito citar cuantas fuentes estime convenientes para que no haya duda de su erudici...

Miguel Hernández--Elejía a Federico García Lorca

  Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas, y en traje de cañón, las parameras donde cultiva el hombre raíces y esperanzas, y llueve sal, y esparce calaveras. Verdura de las eras, ¿qué tiempo prevalece la alegría? El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas y hace brotar la sombra más sombría. El dolor y su manto vienen una vez más a nuestro encuentro. Y una vez más al callejón del llanto lluviosamente entro. Siempre me veo dentro de esta sombra de acíbar revocada, amasado con ojos y bordones, que un candil de agonía tiene puesto a la entrada y un rabioso collar de corazones. Llorar dentro de un pozo, en la misma raíz desconsolada del agua, del sollozo, del corazón quisiera: donde nadie me viera la voz ni la mirada, ni restos de mis lágrimas me viera. Entro despacio, se me cae la frente despacio, el corazón se me desgarra despacio, y despaciosa y negramente vuelvo a llorar al pie de una guitarra. Entre todos los muertos de elegía, sin olvidar...

Lecturas imprescindibles

Siempre que visito Barcelona aprovecho para recorrer sus bien surtidas librerías, donde se reconcilian como en ningún otro sitio la buena literatura con la literatura de moda, incluso cuando coinciden, o sobre todo entonces. En una de esas librerías recurrí a una dependienta con pinta de muy leída, diferente a los jóvenes empollones que hoy se contratan más por la extensión de sus conocimientos literarios que por su capacidad de juicios valorativos. A esa dependienta de pelo blanco y corto y clara pinta de intelectual -si es que los intelectuales tienen o han tenido alguna vez pinta de serlo- le pregunté por un libro que dudaba si comprar. Se titulaba 'El hijo del hijo pródigo', y de su autor, Soma Morgenstern, nunca había oído hablar. La señora me contestó que su lectura era inprescindible para la cabal comprensión de la literatura centroeuropea de la primera mitad del siglo XX. Nada más oírlo, tuve que resistir el impulso de replicar que, para mí, la comprensión de la lit...

The Greatest

  He practicado artes marciales durante quince años, sobre todo 'Full Contact', pero también algo de Jiu-Jitsu, Thai Boxing y Hapkido. Cuando rememoro esos tiempos no tan lejanos siempre me queda un amargor, una añoranza de cierta gratitud, no porque tuviese yo cualidades para destacar en esas disciplinas, sino por el poco reconocimiento que estas reciben, una casi marginación, por parte de asociaciones deportivas y estamentos administrativos gobernados (¡cómo no!), por lo políticamente correcto; y, claro, entiendo que no se vea como político ni como correcto aplastarle la nariz a tu contrincante, como ocurre con frecuencia en los deportes de lucha. Un comentarista deportivo estadounidense dejó una frase memorable para la posteridad: “La otra noche fui a ver una pelea y estalló un partido de hockey”. No voy a entrar en puntillosas interpretaciones de la ética del 'fair play' en el deporte, que tan poco definida está, ni abundaré (y esto sí que daría jugo) en anécdotas i...

Una vida

  Sales de la negrura para ser del tiempo, y en él quedas prisionero de por vida tus alas de querubín tiemblan con sus aleteos apresurados por recorrer la vida, y conoces la mentira la turbia faz de la huida y en el surco de la herida del alma acaso comprendes que eso que bravo defiendes no es más que una corta vida de luciérnaga encendida cuya luz nadie comprende. Y estás solo, al fin lo entiendes, en medio de un inmenso frío que pudiera ser eterno, mas el reloj sempiterno de tus minutos caducos te recuerda que un infierno de llamas ígneas y umbrío se nutre del desvarío de los que insensatos piensan que el tiempo todo lo arregla y al tiempo ceden las llaves de sus destinos baldíos. Y un día te ves rendido y al pie del tiempo postrado sin saber si has malgastado esos minutos vividos que el tiempo te había prestado (ahora lo has averiguado) sin tú habérselos pedido. Y da igual, todo comienza con la esperanza de un fin, ¡mira al tuyo con bravura!, sonríe al reloj y di: “ De la negru...

Noche de luna

  Tumbado en la hamaca de la azotea, tomando baños de luz de la espléndida luna de marzo, Bvalltu parece reflexivo. Yo, cuando lo veo así, me echo a temblar, las reflexiones de Bvalltu no son moco de pavo, y siendo tozudo en defender sus argumentos, por precarios o disparatados que estos sean, acaba por embrollarte de tal modo que al final ni sabes de lo que estás hablando, o acabas tan desquiciado que dejas de lado la retórica y optas por el vocerío verdulero que tanto le gusta a este bicho. -¿Sabes la diferencia fundamental entre un pobre de un país pobre y un pobre de un país rico? -pregunta sin dejar de mascar un trozo de jamón que se le quedó entre los dientes al mediodía. -Pues así de pronto no. -La diferencia esencial es que el pobre del país rico sueña con poseer algún día un Mercedes 500; y el pobre del país pobre sueña con llegar a tener 500 Mercedes. Puede parecer algo sutil, pero en esa sutileza radica la base de todos los conflictos humanos. -Escupe la tira de ...

Contar historias

  A los niños que fuimos y que, sin que sirva de menoscabo a la adultez, deseamos a veces seguir siendo, nos encantaban las historias. Esto es un rasgo común a culturas, etnias y religiones de cualquer época y en cualquier lugar de este planeta. Quien poseía el don del histrionismo conquistaba corazones (hoy día siguen haciendo eso los buenos actores) y disponía de un público fiel y emocionado. No es raro que los buenos rapsodas, los excelsos juglares gozasen del beneplácito de los poderosos. El paso crucial de la oralidad a la textualidad supuso un fenómeno convulsivo para los grupúsculos sociales que comenzaban a conformar una primitiva sociedad, lo mismo que para la actual sociedad lo está siendo la 'virtualidad' de internet. Lo que antes era narrado al calor de una hoguera pasó a ser un objeto escaso y precioso sólo al alcance de unos pocos, no siempre los más indicados, para degustar placeres que ya comenzaban a ser dominio del 'intelecto' y por tanto de los intele...