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Pequeños demonios

Los padres suelen encontrar en sus hijos el faro de sus vidas. Tal vez por eso hay tanto padre desnortado cuando, al paso del tiempo, sus retoños pierden la luz y se pasan al lado oscuro. Los hay precoces en dicho viraje de rumbo, y con sólo unos añitos se desprenden del aura de querubines y les salen cuernos y rabo, se arman con tridentes y eructan vaharadas flamígeras que huelen a azufre. Se les conoce como pequeños hijos de puta, aunque las madres no siempre participen, al menos de modo activo y consciente, en la maquiavélica conversión, y no sean por tanto merecedoras de tan zahiriente calificativo. Ocupa la habitación contigua a la mía un matrimonio con un pequeño, ya converso, que no cesa de transgredir con sus berridos el límite permitido de decibelios. Habría que multarlo, o quitarle al menos puntos, a descontar, es un poner, de los créditos de su futura carrera, o de su poco probable y también futura paz conyugal. O simplemente, habría que darle dos hostias, por bárbaro y por cabroncete; pero como sus papás, muy ocupados escudriñando el techo desde el sofá, en busca sin duda de telarañas -para tener algo de lo que quejarse a la dirección del hotel mientras su pequeño demonio corretea rebuznando y tirando cuanto encuentra a su paso- no dan síntomas de compartir las excelencias de los métodos educacionales conductivistas, cabría plantearse darle dos hostias a ellos, para ver si aprenden a enseñar, en vez de desentenderse de los desmanes del fruto de su sangre, enano hijoputa de momento, pero con una prometedora carrera de villano, delincuente y maltratador por delante. Y si no, al tiempo. Por cierto, el cabrón bajito se llama Antonio.

Comentarios

Susana ha dicho que…
Que, no te gustan mucho los niños? Vamos que como descargas bilis aquí! Seguramente sean padres primerizos y no tengan ni idea de como manejar a su retoño, el tirano de la casa.

Un abrazo
Susana

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