No me lo puedo creer. Llevo tres días con casi sus tres noches -soy insomne- gestando un nuevo blog construido con la pericia de mis manos auxiliadas por el capricho del azar cuando descubro que esta herramienta virtual llamada blogger ha rellenado las carencias que me habían animado a desplegar velas en mi propia nave dejando sin sentido mis singladuras. Así que de momento estoy al pairo y fumo tabaco en pipa como Marlow o como Crusoe. Estos de Google, ¿son de Bilbao o qué? (Mis simpatías a los bilbainos)
Las molestias corporales, cuando por algún motivo se enquistan y se vuelven insidiosas, desmejoran notablemente la calidad de vida. Yo, por ejemplo, debido a una pequeña pero irreductible infección que se manifiesta en forma de perenne cansancio, me veo impedido para escribir mi obra maestra y, quién sabe, tal vez la piedra angular de la literatura del siglo XXI. Nadie recordará dentro unos años (¡qué digo! Unos meses y gracias) las inserciones banales en un blog de un aspirante a escritor. Pero si pudiera escribir esa obra excelsa, es más que probable que estas escasas líneas se subastasen algún día en Sotheby’s y que algún potentado con tanto talento para los negocios como escaso criterio para la apreciación del arte pagase por ellas una fortuna. A veces, muchas veces en mi opinión, la fama es cuestión de detalles, como conocer a la persona adecuada en el momento oportuno, o con más probabilidad ser hijo, sobrino, cuñado o amante de la querida de un subsecretario con menos méritos ...
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Un abrazo