No me lo puedo creer. Llevo tres días con casi sus tres noches -soy insomne- gestando un nuevo blog construido con la pericia de mis manos auxiliadas por el capricho del azar cuando descubro que esta herramienta virtual llamada blogger ha rellenado las carencias que me habían animado a desplegar velas en mi propia nave dejando sin sentido mis singladuras. Así que de momento estoy al pairo y fumo tabaco en pipa como Marlow o como Crusoe. Estos de Google, ¿son de Bilbao o qué? (Mis simpatías a los bilbainos)
Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-. Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...
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Un abrazo