Algún día alguien explicará la paradoja. Alguien sabrá decir sin sombra de duda los motivos por los que una potencia que ha impuesto su hegemonía mundial durante decenas de años, que ha utilizado todos los medios a su alcance -sin que las repercusiones alcanzaran a despeinar su sedosa cabellera imperial- para someter a sus propios intereses y sin atender a criterios mínimamente sostenibles cualquier expresión procedente de naciones soberanas encaminada a manifestar su propia soberanía por muy alejada que estuviese de los principios fundacionales del mundo occidental y por tanto de la 'Gran Potencia'; que ha coaccionado, chantajeado, sobornado, asaltado, avasallado y finalmente sometido gobiernos enteros con el único fin de que no se viese cuestionado su papel de 'Nación Elegida' en el paisaje geopolítico mundial; alguien sabrá explicar, insisto, el motivo misterioso por el que Estados Unidos, nación que se ha pasado por el forro reiteradamente y sin escrúpulos resoluciones del Tribunal Internacional de La Haya que la han acusado de delitos de lesa humanidad, ha terminado humillada, desfallecida y llorosa ante el dictamen financiero de una entidad privada sin potencial bélico que no ha dudado en enseñar al mundo los pañales sucios de tamaña potencia; y la única reacción de esa potencia ha consistido en mancharlos todavía más. Ver para creer.
Las molestias corporales, cuando por algún motivo se enquistan y se vuelven insidiosas, desmejoran notablemente la calidad de vida. Yo, por ejemplo, debido a una pequeña pero irreductible infección que se manifiesta en forma de perenne cansancio, me veo impedido para escribir mi obra maestra y, quién sabe, tal vez la piedra angular de la literatura del siglo XXI. Nadie recordará dentro unos años (¡qué digo! Unos meses y gracias) las inserciones banales en un blog de un aspirante a escritor. Pero si pudiera escribir esa obra excelsa, es más que probable que estas escasas líneas se subastasen algún día en Sotheby’s y que algún potentado con tanto talento para los negocios como escaso criterio para la apreciación del arte pagase por ellas una fortuna. A veces, muchas veces en mi opinión, la fama es cuestión de detalles, como conocer a la persona adecuada en el momento oportuno, o con más probabilidad ser hijo, sobrino, cuñado o amante de la querida de un subsecretario con menos méritos ...
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