Algún día alguien explicará la paradoja. Alguien sabrá decir sin sombra de duda los motivos por los que una potencia que ha impuesto su hegemonía mundial durante decenas de años, que ha utilizado todos los medios a su alcance -sin que las repercusiones alcanzaran a despeinar su sedosa cabellera imperial- para someter a sus propios intereses y sin atender a criterios mínimamente sostenibles cualquier expresión procedente de naciones soberanas encaminada a manifestar su propia soberanía por muy alejada que estuviese de los principios fundacionales del mundo occidental y por tanto de la 'Gran Potencia'; que ha coaccionado, chantajeado, sobornado, asaltado, avasallado y finalmente sometido gobiernos enteros con el único fin de que no se viese cuestionado su papel de 'Nación Elegida' en el paisaje geopolítico mundial; alguien sabrá explicar, insisto, el motivo misterioso por el que Estados Unidos, nación que se ha pasado por el forro reiteradamente y sin escrúpulos resoluciones del Tribunal Internacional de La Haya que la han acusado de delitos de lesa humanidad, ha terminado humillada, desfallecida y llorosa ante el dictamen financiero de una entidad privada sin potencial bélico que no ha dudado en enseñar al mundo los pañales sucios de tamaña potencia; y la única reacción de esa potencia ha consistido en mancharlos todavía más. Ver para creer.
Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-. Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...
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