No sé si nos hemos dado cuenta, pero estamos (existimos) en un estado de derecho que dispone de un sistema judicial independiente. Esto significa que por muy apegados que sigamos a la inercia de una dictadura que no termina de morir nuestras leyes son soberanas y lo que dicen va a misa. Me permito la ironía porque aparecen más a menudo de lo que sería democráticamente saludable juicios mediáticos más contundentes que los oficiales que trastornan, a veces de manera definitiva, la vida de algunos ciudadanos. Sólo pondré un ejemplo, aunque los hay a porrillo: el señor Buenafuente tuvo la descortesía de hacer un chiste fácil en su programa acerca de la atleta Marta Domínguez, merecedora de diversos galardones por su intachable carrera deportiva, y en aquel momento encausada por un supuesto delito del que quedó absuelta por completo meses después. Pues bien, el señor Buenafuente -un cómico excelente a mi entender- no se ha tomado la molestia de pedir disculpas a Marta Domínguez una vez aclarado el asunto. Nadie se toma la molestia de pedir disculpas a nadie en este país, pero si eres periodista se trata de algo innerente a tus obligaciones deontológicas porque estás jugando con la reputación de las personas, o sea que es obligatorio. Y la reputación sigue valiendo mucho en esta sociedad, pero por encima de todo está la dignidad de aquellos a los que por hacer un chiste fácil se les disminuye la suya. Si yo fuera el novio de Marta no dudaría en tomarme la venganza por mi mano -dos tortas, no crean-, aunque si fuera el responsable político que permitió tamaña felonía me haría el harakiri, práctica que por desgracia no está de moda entre los políticos de este país, por mucha falta que le haga al mismo.
Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-. Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...
Comentarios
Gracias por pasarte por mi casa, la verdad es que lo único que me invade es la pereza, por lo demás todo bien. Esperaremos que el calor nos abandone y a ver si recuperamos el hábito de visitar a los amigos.
¿Todo bien?