No sé si nos hemos dado cuenta, pero estamos (existimos) en un estado de derecho que dispone de un sistema judicial independiente. Esto significa que por muy apegados que sigamos a la inercia de una dictadura que no termina de morir nuestras leyes son soberanas y lo que dicen va a misa. Me permito la ironía porque aparecen más a menudo de lo que sería democráticamente saludable juicios mediáticos más contundentes que los oficiales que trastornan, a veces de manera definitiva, la vida de algunos ciudadanos. Sólo pondré un ejemplo, aunque los hay a porrillo: el señor Buenafuente tuvo la descortesía de hacer un chiste fácil en su programa acerca de la atleta Marta Domínguez, merecedora de diversos galardones por su intachable carrera deportiva, y en aquel momento encausada por un supuesto delito del que quedó absuelta por completo meses después. Pues bien, el señor Buenafuente -un cómico excelente a mi entender- no se ha tomado la molestia de pedir disculpas a Marta Domínguez una vez aclarado el asunto. Nadie se toma la molestia de pedir disculpas a nadie en este país, pero si eres periodista se trata de algo innerente a tus obligaciones deontológicas porque estás jugando con la reputación de las personas, o sea que es obligatorio. Y la reputación sigue valiendo mucho en esta sociedad, pero por encima de todo está la dignidad de aquellos a los que por hacer un chiste fácil se les disminuye la suya. Si yo fuera el novio de Marta no dudaría en tomarme la venganza por mi mano -dos tortas, no crean-, aunque si fuera el responsable político que permitió tamaña felonía me haría el harakiri, práctica que por desgracia no está de moda entre los políticos de este país, por mucha falta que le haga al mismo.
Las molestias corporales, cuando por algún motivo se enquistan y se vuelven insidiosas, desmejoran notablemente la calidad de vida. Yo, por ejemplo, debido a una pequeña pero irreductible infección que se manifiesta en forma de perenne cansancio, me veo impedido para escribir mi obra maestra y, quién sabe, tal vez la piedra angular de la literatura del siglo XXI. Nadie recordará dentro unos años (¡qué digo! Unos meses y gracias) las inserciones banales en un blog de un aspirante a escritor. Pero si pudiera escribir esa obra excelsa, es más que probable que estas escasas líneas se subastasen algún día en Sotheby’s y que algún potentado con tanto talento para los negocios como escaso criterio para la apreciación del arte pagase por ellas una fortuna. A veces, muchas veces en mi opinión, la fama es cuestión de detalles, como conocer a la persona adecuada en el momento oportuno, o con más probabilidad ser hijo, sobrino, cuñado o amante de la querida de un subsecretario con menos méritos ...
Comentarios
Gracias por pasarte por mi casa, la verdad es que lo único que me invade es la pereza, por lo demás todo bien. Esperaremos que el calor nos abandone y a ver si recuperamos el hábito de visitar a los amigos.
¿Todo bien?