Yo
cuento el cuento de una estrella sin noche, de un rumbo sin barco, de
un llanto que llora una risa sin fin. Cuento un cuento sin final que no deja huella,
esa huella fácil que solo está en el fin. Cuento cuentos sin contar
contigo, cuento historias que dejan dormir, las olvidas con la
rapidez de un parpadeo y no echas de menos principio ni fin. Cuento
lo que invento sin que me lo pidas, y yo y los inventos nos llevamos
bien: yo imagino un imposible idiota y ese pobre idiota ya vive sin
mí. Cuento lo que siento sin sentir de veras, cuento lo que un tonto
no supo contar, cuento lo imposible y hasta lo impensable que antes
que yo alguno ya pensó por mí; y lo hizo posible, y no él sino el
tiempo, que estropea los cuentos de nunca acabar. Cuento mis
miserias, cuento mis mentiras, cuento mis anhelos, cuento mi verdad.
Cuento tus sonrisas, cuento tus silencios, cuento los minutos que nos
quedarán. Cuento sin descanso, cuento sin contar, cuento sin aliento
si te cuento a ti. Cuento por decreto, cuento por condena, cuento lo
que cuento sin poder contar lo que contaría si me lo pidieras, lo
que contaría si fueras verdad.
Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-. Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...
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