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Un hongo para mi santo

  Mañana es mi santo y comienza el verano. El verano oficial, porque las calores empezaron antes. Tengo un hongo (de los que son parientes de virus y bacterias), me lo traje de Egipto, y su actividad es similar a la de Mubarak antes de dimitir (o salir huyendo), da mucho por el culo. Al parecer mis defensas están en la reserva, mi depósito de salud casi vacío. Estoy ensayando un método de relajación que no te cura pero te convence de que no vale la pena quejarse, pero como llevo toda la vida de lamento en lamento (alguien dijo de mí que soy un enfermo muy sano) me está costando, me siento más conforme conmigo e incluso con el hongo, pero sigo jodido. La técnica propone básicamente un cambio de perspectiva, en vez de pensar “joder que putada” trato de pensar “menos mal que solo es esto”. Quien no se consuela es porque no quiere, dicen. Somos dueños de nuestros pensamientos, rectores de nuestra situación anímica, de modo que pensando lo adecuado seremos felices o al menos no desgraci...

Walter Hego

  El señor Hego era un filósofo vocacional que se había forjado un rudimentario sistema de principios metafísicos a través de la lectura de los filósofos antiguos. Parménides, Demócrito, Heráclito, Gorgias, Protágoras y demás presocráticos. Sus lecturas se limitaban e ellos porque siempre tuvo la certeza de que, a partir de Sócrates -del que afirmaba fue un embaucador y un charlatán que usaba su supuesta agudeza para seducir a jovencitos a los que luego se cepillaba sistemáticamente- la filosofía pura se corrompió y se convirtió en una rama impura de la ciencia al servicio de los poderosos, siempre ávidos de conceptos abstractos con que embelesar al pueblo. Una de sus creencias era la dualidad del alma, y la exponía en los siguientes términos: todo ser gestado o nasciturus, mientras permanece en el claustro materno, sufre un proceso divisorio que lo convierte en dos seres idénticos; a veces fructifica su nacimiento y nacen gemelos, pero otras veces, las más, la capacidad gestante d...

Una despedida

Aquí estoy de nuevo, amor, otro día más sentado en esta lápida de mármol bajo la que te encuentras. Demasiado pronto me has dejado solo, anclado a un mundo que solo existe ya en mis recuerdos y lamentando mi triste condición de vagabundo desesperado, de huérfano de tu amor; desamparado y perdido en una existencia vana y oscura y en la que solo me sostiene la evocación de cada minuto de nuestra vida en común, de aquellas risas incontroladas mientras paseábamos abrazados, de las complicidades y los pequeños gestos que eran el alma de nuestra relación. Una vida sin ti es una muerte constante, me siento incompleto, demediado, desgarrado, como si me hubieran amputado la mitad del alma, una víctima del terrorismo de dios, un paria. Vuelvo aquí como cada día, amor, con la esperanza de que, igual que cuando vivías, comprendas sin palabras lo que siento, lo que pienso, de nada serviría explicarlo en voz alta, podrían tomarme por loco aunque a estas horas el cementerio está vacío, podría tomarme...

Gracias, Zapatero

Los resultados electorales de ayer dejan muy claro el descontento de los ciudadanos con el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El voto de castigo ha sido contundente, pero sobre todo ha sido arriesgado. Y no hablo de Álvarez Cascos, sino de Bildu, un grupo político que sólo a última hora fue rescatado para las elecciones y cuya vinculación real con ETA nos será desvelada a lo largo del mandato de sus más de mil concejales elegidos en las votaciones de ayer. Y hablo de voto arriesgado porque me parece que muchos de los que han votado a Bildu como castigo al gobierno de Zapatero no saben dónde se han metido, ni dónde nos han metido. Los ciudadanos han votado al PP allí donde donde la única alternativa posible era ese partido; pero en zonas con fuerte espíritu nacionalista el voto ha ido a parar a formaciones políticas separatistas, lo cual es muy comprensible, porque ¿quién desearía pertenecer a un país subyugado por su propio gobierno? El problema es que Bildu es el último cach...

Solidaridad

  No sé si siempre, pero al menos en las últimas décadas se ha hablado mucho de solidaridad. La realidad a la que se refiere la palabra es variable y, por tanto, depende de lo que por ella entienda quien la emplee; es decir, que solidario es quien crea que lo es, y lo mismo pasa con vocablos como 'devoto', 'íntegro', 'leal', 'imparcial', 'magnánimo'. El contenido semántico de las palabras, muchas veces ambiguo, proporciona a quienes las usan un arma letal de la que no siempre son conscientes, un instrumento de manipulación y una coartada para sus propias conciencias. Decir es ya decir demasiado ('Toda palabra es una palabra de más', Ciorán); callar es incluso peor. Somos nuestras palabras, de ellas dependemos y a ellas nos encomendamos. Cuando, años más tarde, nos recuerdan aquello que dijimos tal vez a partir de una alegría cuyo fin trajo el remordimiento y el arrepentimiento de lo dicho, no sabemos qué cara poner; incrédulos (desmemoria...

El más allá

Hay una especie de obsesión con los cuerpos de las personas muertas, sobre todo cuando la muerte ha ocurrido en circunstancias violentas y el cadáver no aparece. Los familiares afirman invariablemente que no podrán descansar hasta que el cuerpo muerto de sus ser amado descanse a su vez en paz, dándole adecuada sepultura y oficiando los ritos pertinentes para garantizar su eterno descanso, aunque lo que recuperen del cadáver solo sean unos huesos cubiertos de jirones de piel muerta. El cuerpo, que tanto condiciona la vida de la persona, pierde toda entidad humana en la muerte, y por más que las religiones o supersticiones hagan creer lo contrario, no es más que despojos sin vida que en nada se diferencian de los de un gato muerto. Rendir honores a unos restos ya inhumanos es ridículo y sólo se explica por el afán de creer en una vida posterior a la que nos toca vivir aquí, aunque nunca haya habido constancia e esa otra vida de ultratumba. La esperanza frente al desencanto siempre ha ...

Amistad

Amistad: Relación caracterizada por el desinterés y la estima. Aristóteles distingue la amistad real de las relaciones establecidas por placer o conveniencia, “porque en estas últimas el amigo no es amado por lo que él es”. Los problemas filosóficos que plantea la amistad consisten en explicar: 1) en qué otro sentido puede ser valiosa la amistad si no lo es por placer o conveniencia, puesto que, como Aristóteles observa, “nadie elegiría una existencia sin amigos a cambio de poseer todas las otras cosas buenas del mundo”; 2) cómo puede la amistad, al igual que las relaciones familiares, generar obligaciones que no se tienen para los que no son nuestros amigos; 3) cómo puede justificarse que yo ame a alguien como amigo mientras rehúso la amistad de otros que poseen las cualidades que yo estimo en mi amigo, puesto que comportarse de otro modo no es (por ejemplo) “amarte a ti mismo y no a tu cabello rubio” (Yeats). Diccionario Oxford de filosofía. Parece que Aristóteles, que s...