Es ya un tópico decir que la humanidad ha progresado sólo en la vertiente materialista, pero que en lo moral estamos igual que hace diez mil años. Yo no estoy de acuerdo para nada. En mi opinión hemos evolucionado moralmente, sólo que -al igual que ocurre en el progreso material- esa evolución ha sido mucho más acusada en algunas capas de la sociedad que en otras, lo que es coherente con la teoría evolucionista darwiniana. En los estamentos más arribistas de nuestra sociedad el criterio ético fundamental ha evolucionado en el tiempo para pasar de ser 'obra correctamente' -de acuerdo con el canon moral vigente- a 'obra de modo que luego no tengas remordimientos'. Y esto es un logro moral sin precedentes. Porque hagas lo que hagas siempre estarás a salvo de la carcoma de la culpa, y como según los sabios no hay peor juez que uno mismo, quien practique esta nueva ética siempre será inocente ante sus propios ojos, que son los que importan. Sí, ya sé que es una postura un tanto cínica y por tanto contraria a la ética, pero en el mundo en que vivimos, ¿quién sobrevive a tanto embrollo ético, político y jurídico sin caer en alguna pequeña contradicción? Es humano y hasta saludable. Además, la ausencia de culpa permite escribir a algunos de estos paladines de la nueva ética, en cuanto salen de la cárcel, un libro en el que detallan cómo han conseguido mantener la dignidad en un entorno hostil y degradante y dedicarse acto seguido a negocios turbios donde la dignidad es un valor que no cotiza. (No cuentan si mantuvieron también la virginidad, pero da igual porque estos visionarios del nuevo orden mundial ya estaban muy acostumbrados a poner el culo antes de entrar en el talego). Ahora se está fraguando el siguiente salto moral que les proporcionará la estabilidad necesaria para mantener su plutocracia ad infinitum, y que será algo parecido a 'obra como te salga de los cojones siempre que no te pillen'. A los remordimientos que le den; y al resto de la sociedad también, como siempre.
Las molestias corporales, cuando por algún motivo se enquistan y se vuelven insidiosas, desmejoran notablemente la calidad de vida. Yo, por ejemplo, debido a una pequeña pero irreductible infección que se manifiesta en forma de perenne cansancio, me veo impedido para escribir mi obra maestra y, quién sabe, tal vez la piedra angular de la literatura del siglo XXI. Nadie recordará dentro unos años (¡qué digo! Unos meses y gracias) las inserciones banales en un blog de un aspirante a escritor. Pero si pudiera escribir esa obra excelsa, es más que probable que estas escasas líneas se subastasen algún día en Sotheby’s y que algún potentado con tanto talento para los negocios como escaso criterio para la apreciación del arte pagase por ellas una fortuna. A veces, muchas veces en mi opinión, la fama es cuestión de detalles, como conocer a la persona adecuada en el momento oportuno, o con más probabilidad ser hijo, sobrino, cuñado o amante de la querida de un subsecretario con menos méritos ...

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Un abrazo