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El rehén

No se debería recoger pasajeros sin antes estar seguros de su naturaleza, aunque en mi caso ha sido precisamente el estudio de mi naturaleza el motivo por el que me han recogido. Soy, o mejor dicho, seré un objeto de estudio para ellos, se afanarán durante un tiempo en descifrarme buscando en realidad alguna pista que les lleve a descubrir algo sobre ellos mismos. La mayor incógnita que puede existir siempre se refiere a uno mismo, como individuo que vive y morirá, como especie viva que previsiblemente iniciará algún día su declive, que tal vez ya lo ha iniciado -¿cómo saber interpretar los signos del comienzo del fin cuando se niega tozudamente la posibilidad misma de ese final?- para desaparecer como apareció, sin un porqué, sin una función imprescindible que cumplir, sin un cometido. Me repliego sobre mí mismo en la oscuridad de este cubículo frío, mis sienes laten al ritmo acompasado de mi temor, la ausencia de dolor físico no me consuela, ¿cómo aliviar la angustia de estar preso...

Irrealidad

El mundo se conduce según sus propias reglas telúricas e indescifrables. Nuestros intentos vanos por asumir el control de los acontecimientos rozan lo obsceno, por imposibles y por insensatos. Los animales que hemos catalogado de irracionales saben por instinto lo que está bien y lo que está mal para sobrevivir, que es su única meta. Nosotros, que perdimos el instinto en algún momento de nuestro proceso evolutivo, somos pretenciosos e insensatos, y nos estrellamos de continuo con un sistema precognitivo e imprevisible que nos supera, del que no sabemos nada, ni su principio ni su incierto sentido, sólo intuimos su posible final, y ni eso es del todo seguro. Pero seguimos sintiéndonos el ombligo de lo desconocido, pensando estúpidamente que somos la culminación y el fin de cuanto existe, prisioneros de nuestra soberbia y de nuestro antropocentrismo descerebrado, necio y temerario. Seguimos sin sacar conclusiones de la historia convencidos de que el rápido progreso de los dos últimos si...

Siempre igual

Hay gente que por tal de caer bien acaba cayendo muy mal, y muy bajo. Tal vez no fuera su propósito inicial, pero al tiempo que un servilismo egoísta han ganado en el proceso bienintencionado unos valores vicarios que ocupan los que no les inculcaron sus mayores, tal vez por dejadez, tal vez por falta de receptividad de esta gente. Es complicado sacar conclusiones sobre comportamientos que afectan al conjunto de la sociedad, porque las variables son inabarcables y por tanto la posibilidad de análisis escasa, mayormente por el simple hecho de que la imprevisibilidad suele ser un ingrediente principal en el comportamiento de cualquier grupo humano. Pero, obviando lo científico, hay para quien sepa verlas imprevisilidades bastante predecibles, como el hecho singular pero no sorprendente de que George Bush jr. diera un pequeño golpe de estado accediendo a su segundo mandato con una maniobra claramente antidemocrática en el país que abandera la democracia. No buscó caer bien Bush, sino todo...

Mi mundo

Aunque pueda extrañar a quien me conozca, yo fui un niño muy sensato, o así lo creía; en realidad estaba convencido de ello, o eso quería creer. Recuerdo que una vez mi padre me preguntó qué quería ser de mayor y yo, sin dudarlo un segundo, respondí que de mayor quería ser un adulto. A mi padre la respuesta le molestó, tal vez porque tenía puesta en mí alguna esperanza de mejoría, o de algún atisbo de normalidad; me miró con pena y susurró: 'si no fueras tan listo tal vez serías menos tonto'. Mi aspiración infantil se ha cumplido en parte: físicamente no cabe duda de que soy una persona adulta. El resto de mis facetas, sean cuales sean, aún flotan a la deriva en el limbo indefinido de una niñez perpetua, sin encontrar una salida hacia delante ni hacia atrás, es decir, que ni maduro ni vuelvo al nido, sino que permanezco, indolente, en un ámbito ajeno al espacio y al tiempo, contemplando pasar la vida retrepado en mi desidia mientras mordisqueo un mondadientes. Las leyes ...

La nueva ética

Es ya un tópico decir que la humanidad ha progresado sólo en la vertiente materialista, pero que en lo moral estamos igual que hace diez mil años. Yo no estoy de acuerdo para nada. En mi opinión hemos evolucionado moralmente, sólo que -al igual que ocurre en el progreso material- esa evolución ha sido mucho más acusada en algunas capas de la sociedad que en otras, lo que es coherente con la teoría evolucionista darwiniana. En los estamentos más arribistas de nuestra sociedad el criterio ético fundamental ha evolucionado en el tiempo para pasar de ser 'obra correctamente' -de acuerdo con el canon moral vigente- a 'obra de modo que luego no tengas remordimientos'. Y esto es un logro moral sin precedentes. Porque hagas lo que hagas siempre estarás a salvo de la carcoma de la culpa, y como según los sabios no hay peor juez que uno mismo, quien practique esta nueva ética siempre será inocente ante sus propios ojos, que son los que importan. Sí, ya sé que es una postura un t...

Mario

Mario Conde ha salido de la cárcel con ánimo emprendedor, es de suponer que el mismo que le llevó en volandas de la facultad a la presidencia de un banco, aunque supongo que moldeado por la experiencia robinsoniana de sobrevivir a un naufragio vital sin otra ayuda que su propio coraje. Ha dejado claro que es un tipo duro, además de listo y éticamente ambiguo. Ya está metido en negocios varios y al parecer prometedores que tal vez concibiera en el silencio de su celda con la paciencia del vengativo que construye con parsimonia el instrumento de su venganza. Y también ha recuperado su discurso impecablemente errático de medrador sempiterno, su incontinencia mediática, su visible vocación mesiánica. Desbaratado su sueño berlusconiano de fusión de poderes con él al mando, busca regresar a Itaca con renovadas fuerzas pero cubierto con una piel de cordero para que nadie le adivine la intención -bastante clara tras la publicación de su libro- de volver a las andadas. Quien se cree intoca...

Hasta siempre

La pasada madrugada murió la madre de un amigo. No era una madre cualquiera, como su hijo no es un amigo cualquiera. Él y yo compartimos los años de la niñez y la adolescencia en el colegio Puertosol. Era un chico formal, tímido y extrañamente seguro de si mismo. Con el tiempo averigüé que esa seguridad provenía del calor de su familia, una familia especial, de esas que envidias en cuanto convives aunque sea muy espaciadamente con ellas, una familia cohesionada por la tolerancia, la franqueza y el amor. Mi amigo, canalla imperdonable, tuvo una revelación en el momento adecuado: conoció a su futura esposa y madre de sus hijos, la mujer perfecta. Si alguna vez ha existido una pareja de la que sin lugar a dudas se haya podido decir que son tal para cual y todos los tópicos que se quiera y que suenan a huecos por falta de referencias reales, esos son ellos. Han encarnado y encarnan el mito del amor eterno. No ha sido un camino de rosas su proyecto familiar; el caprichoso azar les ha maltra...