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Viajar

Viajar siempre gratifica. Primero, porque aporta conocimiento, cultura nueva hasta ese momento ignorada, un ángulo diferente con que contemplar la vida. Segundo, porque el viaje te obliga de un modo misterioso a salir de ti, a reconocerte ( o a intentar reconocerte) en un entorno nuevo y desconocido, muy diferente al acostumbrado, incluso hostil. Tercero, porque a la vuelta te descubres como una persona distinta de la que fuiste al marchar, una persona mejor, más comprensiva, más sabia o más adulta, pero mejor. Si tuviésemos la posibilidad de conocer una por una a todas las personas que habitan este planeta, de comprender sus porqués y sus cómos, todos seríamos más comprensivos con todos, todo iría mejor. Tal vez.

Una reseña de cine

  La película 'El indomable Will Hunting' me pareció una parábola triste acerca del destino del hombre de ciencias en la sociedad actual. El papel que desarrolla ese hombre (por muy brillante que sea su cerebro) no está claro para nadie, menos para él mismo. Dónde colocar a un matemático prodigioso es un enigma; ¿qué utilidad práctica tienen las matemáticas? Nadie fuera del mundillo científico lo sabe, y los de dentro tampoco del todo porque sus conocimientos son consecuencia de una inquietud desmesurada e incomprensible para un ciudadano de a pie por lo abstracto, por la belleza inmaculada de los números, de los conceptos numéricos, de la irrealidad perfecta. Will Hunting, el protagonista, posee una calidad matemática que apabulla, intimida y genera rencores, porque ningún matemático consagrado admite que un chaval de veinte años posea lo que él no tiene: una facultad innata para descifrar sin esfuerzo problemas matemáticos pensados para dar caña a los más sesudos académicos, ...

El elegido

Se llamaba Teófilo Diosdado pero en el seminario todos le llamábamos 'Dios'. Era un jesuíta de la rama dura (eso lo supe después), de los de cilicio y duchas frías antes de maitines; mostraba una engañosa mirada de ternura y una nariz aquilina sobre una boca de labios finos que sólo estaba callada cuando engullía alguno de nuestros pequeños penes. Entraba por las noches en el dormitorio común, tomaba por la mano al elegido tras susurrarle unas palabras en voz baja para despertarlo y se lo llevaba a su cuarto. Sobraban aquellas palabras tan temidas, porque estabamos despiertos; y todos fingíamos estar dormidos; aunque lo que de verdad queríamos era estar muertos. Desde aquel pabellón lóbrego que albergaba nuestros insomnios oíamos a veces algún grito, el estallido de una bofetada o de un latigazo y rezábamos para no despertar por la mañana, para morir en la cama sin el terror de un nuevo día pensando si me tocará esta noche a mí, para que descubrieran nuestros cadáveres bajo ...

Equilibrio

  Sube y sube la adrenalina a mi cabeza. Es como una adicción, no sé parar, no lo controlo. Procuro no mirar pero mi vista se desvía a veces hacia los diminutos muñecos allí en el anfiteatro. Mi cuerpo tiembla entonces y eso puede hacer peligrar mi vida. El psicólogo me lo dice, no mires, no te distraigas, pero la satisfacción de saberme sobrecogedoramente, abismalmente admirado, es una droga demasiado poderosa. Están a mi merced y yo a las de ellos. No hay equilibrio emocional, lo sé, sólo equilibrio. Aún así los miro, los desafío, juego mis cartas. Eso es la vida para mí, un continuo rebelarme, engallarme, ante quienes jamás conocerán los secretos mortales de mi ocupación, ante quienes por el precio de un mísero ticket tienen el derecho a contemplar mi vida dependiendo de un hilo. He sobrevivido multitud de veces a sus rostros, reflejo de sus almas, deseando mi desgracia, mi catástrofe. El doctor me lo advirtió, algún día confundiría mi vértigo con la enfermedad, y eso sería el f...

Gracias, Mario

 Cuba y Venezuela, y otras dictaduras payasas como Bolivia y Nicaragua. Esto mencionó Vargas Llosa en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, así se refirió a naciones bananeras con disfraz democrático que el tiempo rescatará de su ignorancia e ignominia política. No sé ustedes, pero yo no veo peligro de ideología fascista en el discurso de Mario. En cambio, el actor Guillermo Toledo nos previene sobre las ideas fascistas del galardonado. Hablo de nuevo sobre el peligro del uso de la palestra de la fama para divulgar un ideario personal. Señor Toledo, usted sabrá el motivo de su ojeriza hacia un autor tan inmenso, pero tenga a bien considerar que la talla artística de la persona sobre la que opina es cualitativamente diferente de la suya, tal vez inalcanzable para usted, como lo es, pese a lo que le pese, su nivel de compromiso social. Gracias, Mario.

Un gnomo

  Soy un gnomo. Pasó hace apenas una hora. Mientras paseaba por mis naranjales vi una estrella fugaz yb deseé un ilusión, porque desde chico me han dicho que siempre se cumple lo que pides tras ver a una estrella fugaz. Y eso hice,deseé. Pensé en lo mal que va todo, en las familias que sobrevivien apenas sobre el umbral de pobreza, en los niños de países pobres condenados a matar y a morir sin vivir una vida verdadera. Pensé en lo mal que hacen las cosas los países ricos para solucionar los problemas del mundo, sospecho que por miedo a que una reestructuración del sistema les arrebatase parte de su riqueza. Pensé en los enfermos que no tinen cama en los hospitales porque no cotizan ni nunca han cotizado, porque no saben ni han sabido cómo hacer eso, o porque no han querido, simplemente, hastiados de tanta burocracia inoperante. Pensé en los errores de Dios, en sus aciertos, en su posibilidad. Tanto pensé que terminé vacío de pensamientos, me convertí en el ciudadano mediocre que si...

El encargo

 Llegó al apartamento con la ropa empapada, el cuerpo deseho y el alma rota. No había parado de llover en toda la noche y a esas horas de la madrugada las alcantarillas no podían engullir más agua, que dibujaba ríos caprichosos sobre el asfalto de las calles. La negrura insípida de la noche escasa de farolas contagiaba su ánimo, y el refugio del sillón y el cigarrillo apenas lo abrigaban de la fría soledad que lo gobernaba desde el día en que, borracho para olvidarse de sí mismo y escapar del cepo de su memoria, aceptó el trabajo que le propuso aquel tipo en el bar de Olivia dos semanas atrás. ¿Cuánto tiene que soportar un hombre antes de gritar ya basta? ¿A qué no estaría dispuesto por detener los latigazos despiadados de su propia conciencia? ¿Cuándo sabe que ha llegado al fondo de sus miserias, al sótano de sus escrúpulos, a las mazmorras de su perdición? Ayer buscaba a Dios y hoy alterna con el Demonio. De perseguir lo sublime, de ansiar un destino noble, de soñar con la inm...