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Elecciones

Siempre me ha gustado hacer ejercicio físico. Me tonifica el organismo y me produce una agradable sensación de euforia. Además, según los entendidos, va de perlas para el colesterol y la tensión arterial, disminuyendo así el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Pero no hay que entusiasmarse porque, sobre todo a partir de una cierta edad, el cuerpo comienza a cascarse y se vuelve más propenso a las lesiones, y éstas tardan más en remitir, lo que hace recomendable ajustar el nivel de esfuerzo a nuestra capacidad de aguante a medida que nos hacemos mayores; no hay que forzar la máquina porque se podría romper, y ya se sabe lo difícil que resulta conseguir repuestos –aunque hay quien recurre al mercado negro, asumiendo el riesgo de adquirir piezas defectuosas y no disponer de libro de reclamaciones-. Tampoco, es obvio, está en nuestra mano obtener un cuerpo nuevo en el caso de que el de fábrica deje de funcionar. Al menos todavía. Aunque los entusiasta de la metempsicosis están...

El fanatismo

Si el hombre como individuo es un ser con una cierta propensión al despiste moral, la masa, la colectividad, el grupo de individuos con predisposición a ello –que suele ser la mayoría-, cuando se quiere convencer de que existe un motivo que lo justifique –y siempre existe, y si no se inventa sin más-, de manada social pacífica y políticamente correcta se transforma al instante en improvisado ejército feroz y justiciero, dispuesto a matar y a morir por ese motivo, esa causa, casi siempre una entelequia sin mayor significado que el de servir para aunar a la horda y predisponerla a la carnicería y, desde luego, al abandono de toda moralidad. Una de las principales causas, si no la que más, de estas transformaciones colectivas de personas habitualmente pacíficas –al menos en las formas- en asesinos improvisados es el nacionalismo, un concepto enrevesado y espinoso al que le sucede lo que al buen gusto: todo el mundo sabe lo que es pero nadie puede definirlo. El nacionalismo es uno de los...

Mis sueños

A diferencia de los de los humanos, mis sueños no sólo son inteligibles sino hasta factibles, sólo que de un modo un tanto complejo. Es como si al soñar, el universo de las posibilidades se multiplicara y fuese yo capaz de acometer o experimentar cada una de ellas en sincronía, con simultaneidad, viviendo así múltiples vidas al unísono sin dejar por ello de ser real cada una de ellas; y en todas soy el mismo, Bvalltu, el alienígena abandonado a su suerte en un mundo que no es el suyo, obligado por el destino a sobrevivir a unas condiciones para las que no fui concebido y a vivir una larga vida entre seres que me son por entero ajenos y a los que sólo me une el inevitable vínculo que el roce continuado acaba generando incluso entre individuos de diferente especie –ocurre entre los humanos y los perros, por ejemplo-. Sólo cuando sueño despierto, se trueca lo soñado en imposible, como cuando me pierdo en añoranzas sobre mi madre y mi mundo, a los que de sobra sé que no me será dado ver ...

La familia Duplo

Yo los llamo la ‘familia duplo’. Son un matrimonio con dos hijos, dos perros, dos coches y, entre los dos, se fuman dos paquetes de cigarrillos al día, con dos cojones. Viven al otro lado de una torre árabe que hay junto a mi casa. La hija se llama María y tiene indudables dotes para la interpretación, cada día se disfraza de un personaje diferente –Blancanieves, Caperucita, la Bella Durmiente, todos los que requieran una belleza natural que sin duda ella posee-, es vanidosa, parlanchina y está encantada consigo misma. Será quizá una buena actriz o una excelente relaciones públicas o directora comercial, quién sabe. El hijo se llama Julián y parece más tranquilo, aunque coge alguna rabieta de cuando en cuando. Juega al golf y ha ganado algún torneo, creo. Será larguirucho y desgarbado de adolescente, y sus maneras permiten suponer que de adulto se conducirá con rectitud y prudencia en aquello a lo que se dedique, aunque ahora le ha dado por llevar el pelo en forma de cresta de gallo,...

Racismo

Leo en la prensa británica que al piloto Lewis Hamilton le profirieron en Montmeló insultos racistas. Deducen de esto los isleños que España es un país racista y se avergüenzan de viajar junto a nosotros en el mismo barco europeo. Yo creo que se precipitan en su juicio porque como todo el mundo sabe aquí, cuando viene gente de color, se les trata como a personas y no como a gitanos. Me pide consejo un amigo para una amiga suya. Al parecer ella desea escribir y ha oído hablar de cursos de escritura por Internet. No sé que contestarle porque para eso habría que conocerlos todos, así que opto por recomendarle un buen texto sobre técnicas de escritura, en concreto el de mi admirado Enrique Páez. Si se aplica y sigue sus instrucciones y recomendaciones con afán y provecho no me cabe duda de que el duendecillo de la escritura será una nueva compañía que ya no la abandonará. El temporal de levante no quiere irse del sur de España. En la zona donde vivo ha tumbado cuanto ha podido y su r...

El temporal

Estoy en blanco. No sé si me saldrá algo legible así, en frío, con pesadumbre y desgana, que son los peores compañeros para una escritura feliz. Pero siempre que me siento ante el ordenador y me pongo a teclear, al final sale algo, y me sorprende porque minutos antes habría jurado ser incapaz de combinar dos palabras con un mínimo de sentido. Es enigmático y tiene algo de mágico esto de escribir, de verter tu alma en un recipiente –papel, bites, lo que sea- porque aunque al principio te cueste abrirte a la escritura, al cabo de unos momentos ésta acaba tirando de ti, reclamando más y más de tu alma, de tu ser, que es lo que entregas en cada párrafo, aunque no fuese esa tu idea, pero ya estás atrapado: la escritura te requiere y, como al de una de sirena, no puedes no acudir a su canto. Esa es tal vez la prueba más contundente de que tienes algo de madera de escritor, no controlas, te puede el gusanillo, sucumbes y te entregas al siempre dulce y doloroso parto de unas cuantas líneas, ...

Reflexión a trashora

L a vida es una parábola de la realidad, y sólo aquellos que saben descifrar esa parábola y ver la diferencia que hay con el camino recto descubren el sendero seguro de los afortunados. Algunos soñadores irredentos preferimos recorrer la más larga y espinosa senda de la parábola. L.R.   Un día cualquiera. Te levantas, decides, decides, decides. Porque la vida es mera elección. Lo que eres es lo que has elegido ser. Ortega diferenciaba entre el mundo, la realidad potencial, que son todas las posibilidades, y la vida efectiva, que es lo que terminamos eligiendo, lo que asumimos ser, lo que decidimos a cada instante. Víctor Frankl dijo que habría que erigir una estatua a la responsabilidad en la costa opuesta –se referiría a San Francisco, supongo- a la de la estatua de la libertad, porque van parejas, son hermanas. Cada decisión conlleva una consecuencia de la que eres responsable, porque tú y sólo tú has decidido eso, has sido un dios menor, pero al cabo un dios, en ese acto tan d...