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Convención

Asisto a una convención de empresa así que es inevitable el encuentro con socios a lo que hace tiempo que no veía.   Los sentimientos son algo confusos, contradictorios incluso. Todos somos diez años más viejos y, según el caso, nos reconocemos a duras penas. Son situaciones desconcertantes que toreo como puedo. Pero la alegría del reencuentro es una recompensa. Viejos amigos y socios pasando unos días de ocio y reencuentro. Con algunos no es así, los malos rollos se dan en cualquier comunidad, pero se hace de tripas corazón, qué remedio. En esta isla el viento no cesa su monótono soplo, desesperante como una tortura que ponga a prueba la paciencia más que la resistencia al dolor. Yo tengo poco aguante ante ambas experiencias, así que ahogo mis agobios en gin tonics. Después, en casa, tendré que expiar mis excesos, pero lo tengo asumido y no me importa. Nadie tiene noticia de Bvalltu aquí. Espero que esa ignorancia no me afecte hasta el punto de desilusionarme. No, creo que no. ...

El tío Bob

Miriam contemplaba el rostro cetrino de su hermano, lo escrutaba en busca de indicios, pero no los encontraba; su hermano estaba locuaz y se manejaba con talante desenfadado y divertido, igual que siempre, desde el primer recuerdo que registraba su memoria, allá en la casa de sus padres veintitantos años atrás: Bob, siempre risueño, gastándole bromas a ella, pero bromas agradables y exentas de malicia que acababan haciéndola reír a ella también aunque quisiese estar enfadada, bromas inocentes que jamás transgredían la ética simple y bonachona de Bob, un inocente bullicioso y, sobre todo, una buena persona, concluía siempre Miriam, aunque con mala suerte en la vida. -¿Qué es eso, tío Bob?- y señalaba Audrey a un reloj de bolsillo que llevaba Bob en el de su chaleco sujeto con una leontina. -Un reloj que me regaló un tío mío. -¿Lo mismo que tú y yo, tío y sobrina? -Lo mismo, Audrey. -¿Y lo querías tanto como yo a ti? -Pues no lo sé, ratoncilla, pero algo parecido. -Audrey...

Lanzarote

Después de todo no ha sido para tanto. Aparte de algunas leves turbulencias el vuelo ha resultado agradable, no ha habido demoras y el tiempo de tránsito ha durado lo anunciado por la compañía. Experiencias como esta le hacen a uno reconciliarse temporalmente con las compañías aéreas, sin las que –seamos realistas- no podríamos alcanzar destinos con la brevedad y comodidad que para ellos hubieran querido los viajeros de hace tan sólo un siglo, que precisaban de semanas para recorrer distancias que hoy se completan en horas. Lanzarote es una isla volcánica y ventosa. La primera impresión que uno se lleva es la de desamparo, parece una isla necesitada de cariño, un trozo de roca en medio de un océano que precisa el calor de los visitantes para contentar su autoestima telúrica algo menoscabada por un complejo de inferioridad derivado de la comparación con sus islas hermanas del archipiélago. Dedicaré los próximos días a recorrer la isla de punta a punta a ver si varía esa primera im...

Viaje

Hoy parto de viaje. Vuelo con escala a Lanzarote. El Demiurgo me favorezca con un tiempo favorable, unos mozos de tránsito que no se enamoren de mi maleta y un piloto sobrio que no sea presumido y no trate de ocultar su miopía con esas lentillas de colores que irritan los ojos. Escribo a vuelatecla porque debo irme ya. Me despido de mis seres queridos y de mis escasos aunque fieles lectores, pero no para siempre, no soy tan pesimista, sólo hasta dentro de un tiempo, que habiendo una compañía aérea de por medio, siempre es difícil de calcular; digamos, para no cometer incorrecciones, que desde esta noche hasta la infinita y monótona eternidad. 

Animales

Existe, aunque algunos no se lo crean, un paraíso para los animales, al que van cuando se mueren. Hay privilegios especiales para los que han sufrido la crueldad de las personas o han muerto por mano de éstas. Allí podríamos ver, si pudiéramos, a perros que en vida fueron ahorcados o quemados vivos o apaleados o expulsados del paraíso terrenal -que para ellos había sido la casa de sus amos desagradecidos- sin haber cometido pecado alguno. También contemplaríamos el rumiar silenciosos de los borriquillos que trabajaron como mulas y murieron extenuados y a aquellos que usan en Palestina para dirigirlos, cargados de bombas camufladas, contra puestos de vigilancia israelíes. Asombrosamente, comprobaríamos que las huellos de sus tormentos han desaparecido allá en su paraíso particular y gozan de una ya eterna salud de hierro. Resulta curioso que los humanos empleen como apelativos injuriosos los nombres de los animales que más fieles o útiles le son -burro, asno, cerdo, perro- y reserven lo...

La muñeca

En un intento desesperado por no perder a su esposa para siempre y tras un vano intento de retenerla suplicando de rodillas y jurando que no le daría más palizas, Aurelio se vio obligado a encerrarla bajo llave. Pasaron lentos, inacabables, los días para ella, pero la coraza que la protegía del dolor y que había ido construyendo su marido con cada bofetada, cada puñetazo, cada patada con que le había golpeado el cuerpo y el alma durante años, la ayudaba a no desmoronarse, a no sucumbir al hechizo de la locura, tal vez conveniente ya en su caso –un evadirse, un enajenarse de sí misma y de su mundo estrecho y opresivo, violento como una mazmorra de la inquisición, trágico y letal como un auto de fe-, tal vez esa escapada fuese la única posible ahora, pero ella eligió aguantar. Como estaba en la habitación que había sido de su hija Aurora antes de que se casara con aquel bendito que se la había llevado lejos, a vivir en donde no llegara la larga y brutal mano de Aurelio, que tampoco a s...

Las estrellas

Un sendero se extiende ante mis ojos hacia un horizonte que pronto deja atrás para cimentarse y culebrear sobre el éter del cosmos. Una pulsión explorativa y quizás un requerimiento de mi alma colonizadora me empujan a recorrerlo, a descubrir a lo largo del sendero la topología arcana del universo, a conocer estrellas, galaxias, constelaciones cuya luz me deslumbra en su titileo que sin embargo tuvo lugar hace muchísimo tiempo. No rehúyo la propuesta, cualquier destino es un buen destino si se lo sabe aceptar, y el de peregrino de las estrellas es uno harto deseable –lo dejó dicho Jack London y yo le tengo fe-. Tres de los libros más geniales que he tenido la fortuna de disfrutar tienen que ver con las estrellas: “El principito”, de Saint-Exupéry, “El vagabundo de las estrellas”, de Jack London, y “El hacedor de estrellas”, de Olaf Stapledon. A través de sus páginas, preñadas de literatura hechicera, me he sentido explorador y astronauta, he intuido el vértigo del origen del univer...