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La impaciencia

Hay  muchos motivos que llevan a un   escritor (aunque sea amateur, diletante, novel, o como se quiera clasificar a tantísimos que escribimos, aunque nuestros escritos lleguen sólo a unos pocos) a dejar de escribir un día, una semana o el resto de nuestra vida. La causa principal es la pereza, disfrazada en ocasiones de las más peregrinas excusas que la enmascaran para no sumar a la necesidad voluntariamente sofocada de creatividad el remordimiento de que se ha hecho por un fundamento baladí. Llevo días que me cuesta escribir este blog por pura pereza, aunque su origen sea más mental que somático –lo que me alegra, ya las trabas mentales son las más difíciles de superar- y constato con alegría que soy capaz de vencerla –a la pereza- con un mínimo esfuerzo de voluntad. El Demiurgo quiera que sea así siempre. Hay una señora mayor que cruza una vía por el paso de cebra de un semáforo. A la pobre le cuesta recorrer el breve trayecto de una acera a la otra. Sin acabar aún, el semáforo d...

Insomnio

Es tarde y no consigo dormir. Los celtas y las brujas tenían pócimas para remediar el problema. Yo tengo una cinta de relajación que a fuerza de escucharla durante años ya no me hace efecto. Es curioso que me entren ganas de escribir cuando padezco insomnio y cuando leo un libro que me apasione. Prefiero lo segundo, por supuesto. Estos días fuera de casa me han trastornado más de lo habitual, y eso que viajar me encanta, pero a mi aire, no por compromiso. En fin, lo bueno es que cada vez me siento más relajado escribiendo. A ver si dura.

La vuelta

De vuelta en casa .Un alivio, las relaciones sociales no son lo mío, aunque me ha encantado volver a encontrarme con Juan Carlos y con Moncho. Les tengo aprecio y su compañía siempre me es grata. Espero que me lean y reciban este mensaje que soy incapaz de transmitirle en su presencia. En resumen, el evento ha resultado un acontecimiento muy agradable, al menos para mí, que tan reacio soy a los conglomerados y a los episodios supuestamente cordiales que terminan a veces no siéndolo. No consigo entender mis sueños. Hace años versaban sobre tías en diversos grados de desnudez que pretendían seducirme pero que no lo conseguían, para mi frustración adolescente. Ahora soy yo quien no lo consigo, ¡vaya desencuentro sexual!, menos mal que la realidad es bien distinta, para mi fortuna. El otro día acudí al especialista de nariz, garganta y oídos -nunca recuerdo el nombre de esa especialidad médica- porque tenía problemas para orientar mis orejas extraterrestres. El médico, sin inmutarse, me re...

Lanzarote II

El viento incesante de la isla de Lanzarote me oprime las sienes hasta la desesperación. No sólo e s incómodo, es también despiadado. Mañana vuelvo, menos mal. Por lo demás, aburimiento y pesadumbre. Nadie es tan infeliz como el que se propone serlo.

Convención

Asisto a una convención de empresa así que es inevitable el encuentro con socios a lo que hace tiempo que no veía.   Los sentimientos son algo confusos, contradictorios incluso. Todos somos diez años más viejos y, según el caso, nos reconocemos a duras penas. Son situaciones desconcertantes que toreo como puedo. Pero la alegría del reencuentro es una recompensa. Viejos amigos y socios pasando unos días de ocio y reencuentro. Con algunos no es así, los malos rollos se dan en cualquier comunidad, pero se hace de tripas corazón, qué remedio. En esta isla el viento no cesa su monótono soplo, desesperante como una tortura que ponga a prueba la paciencia más que la resistencia al dolor. Yo tengo poco aguante ante ambas experiencias, así que ahogo mis agobios en gin tonics. Después, en casa, tendré que expiar mis excesos, pero lo tengo asumido y no me importa. Nadie tiene noticia de Bvalltu aquí. Espero que esa ignorancia no me afecte hasta el punto de desilusionarme. No, creo que no. ...

El tío Bob

Miriam contemplaba el rostro cetrino de su hermano, lo escrutaba en busca de indicios, pero no los encontraba; su hermano estaba locuaz y se manejaba con talante desenfadado y divertido, igual que siempre, desde el primer recuerdo que registraba su memoria, allá en la casa de sus padres veintitantos años atrás: Bob, siempre risueño, gastándole bromas a ella, pero bromas agradables y exentas de malicia que acababan haciéndola reír a ella también aunque quisiese estar enfadada, bromas inocentes que jamás transgredían la ética simple y bonachona de Bob, un inocente bullicioso y, sobre todo, una buena persona, concluía siempre Miriam, aunque con mala suerte en la vida. -¿Qué es eso, tío Bob?- y señalaba Audrey a un reloj de bolsillo que llevaba Bob en el de su chaleco sujeto con una leontina. -Un reloj que me regaló un tío mío. -¿Lo mismo que tú y yo, tío y sobrina? -Lo mismo, Audrey. -¿Y lo querías tanto como yo a ti? -Pues no lo sé, ratoncilla, pero algo parecido. -Audrey...

Lanzarote

Después de todo no ha sido para tanto. Aparte de algunas leves turbulencias el vuelo ha resultado agradable, no ha habido demoras y el tiempo de tránsito ha durado lo anunciado por la compañía. Experiencias como esta le hacen a uno reconciliarse temporalmente con las compañías aéreas, sin las que –seamos realistas- no podríamos alcanzar destinos con la brevedad y comodidad que para ellos hubieran querido los viajeros de hace tan sólo un siglo, que precisaban de semanas para recorrer distancias que hoy se completan en horas. Lanzarote es una isla volcánica y ventosa. La primera impresión que uno se lleva es la de desamparo, parece una isla necesitada de cariño, un trozo de roca en medio de un océano que precisa el calor de los visitantes para contentar su autoestima telúrica algo menoscabada por un complejo de inferioridad derivado de la comparación con sus islas hermanas del archipiélago. Dedicaré los próximos días a recorrer la isla de punta a punta a ver si varía esa primera im...