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Un mal día

Hoy ha sido un mal día. He madrugado, he tomado un desayuno indigesto, he resuelto con mucho esfuerzo asuntos mañaneros sin duda concebidos para amargarme el día; he tomado un almuerzo suculento que me ha sentado como un tiro; la siesta, como siempre, ha sido un infierno; y solo una tarde de agradable esfuerzo personal sin sentido práctico -no entraré en detalles- me ha deparado la ilusión de una velada nocturna en la que una cena compartida con una chica joven y bella que quiso para los postres reservarme una sorpresa 'íntima' en un recóndito lugar donde, si accedía a acompañarla, me desvelaría los arcanos secretos del éxtasis sexual, consiguió animarme. Pero a los postres estaba reventado y con la libido en las antípodas gracias a un plato innovador a base de seso de cangrejo y criadillas de búfalo que me desinfló la moral. Mi bella acompañante se fue diluyendo ante mis narices por los efectos de un vino cosecha del 54 que me transportó a una época sin duda excitante pero ...

Oscar

Es difícil acostumbrase a dejar de ser joven, porque joven es lo que uno ha sido toda la vida. La frase es de Oscar Wilde, que como murió joven no tuvo tiempo para cosechar el fruto de su ingenio. ¿Y lo deseaba? Ni puta idea, porque al carecer de ese envidiado -no cabe duda- y endiablado reflejo intelectual no puede uno -seguro que sí otro- tener la seguridad de si hablaba el hombre por experiencia propia -dudoso, murió relativamente joven- o si brindaba otra de sus frases a la posteridad. En cualquier caso, él fue joven toda su vida. Porque su talento no fue concebido para durar más que su ardor juvenil. Y porque los genios deben morir a tiempo. Hay que saber cuándo morir, y si no se sabe reconocer la fecha con exactitud, tratar de no morir el día de antes.

Rimando con desgana

No por nada existo y vivo triste una nada que insiste en ser mi vida; no por nada insisto y la persigo una ilusión que doy ya por perdida. Como di por perdido un desconsuelo que apareció ante mí con el disfraz de un porvenir lleno de anhelo cuya promesa se tornó en agrio final, en torpe y sucia maniobra del destino para llenar un alma llena de agujeros, empeño vano que se volvió mi sino porque al nacer, un pájaro de mal agüero, arrojó su sombra vil en mi camino y desde entonces vivo y muero y muero.

El órdago de Papandreu

  Como no puedo dormir -para variar- y en este hotel de Roma solo puedo ver una cadena en español que no para de comentar la noticia del referendo convocado por el mandatario griego Papandreu no he podido evitar formarme una opinión. El órdago de Papandreu es tan obviamente falso, tan suicida, que solo puede tener una explicación: asustar a su propio pueblo. Si los griegos comprenden que solo el rescate europeo les puede salvar a pesar del esfuerzo que se les exige, elegirán Europa. Y su primer mandatario tendrá a la fuerza el beneplácito de su pueblo. La maniobra es arriesgada y cuestionable, además de audaz, pero es un intento político de baja estofa al que no le faltarán politólogos defensores de su excelencia. Así es la política.

Gadafi

Ahora que ha caído todo el mundo lo pone verde. Gadafi ha sido siempre un dictador temerario y temible, nadie se atrevía a indisponerse con él. En el escenario mundial tenía un peso excesivo para sus bravuconerías, tal vez porque manejaba como si fuera suyo -o porque lo era- el petróleo libio, tan codiciado por los países desarrollados -muy desarrollados en cinismo-. O tal vez la hipocresía de la diplomacia oficial impedía a quienes la practican llamarle lo que ahora la prensa internacional le está llamando, directamente, sin alegorías o perífrasis atenuadoras, sin miramientos: asesino, demagogo, sanguinario, ultrajador, cacique, etcétera. Hoy he leído la noticia de que una modelo alemana ha perdido su trabajo por haber salido con un hijo de Gadafi, Mutasim, y por declarar ante un medio que siempre vio a esa familia ‘muy normal’. Pero es que los dictadores, por muy pervesos que puedan llegar a ser en sus actuaciones, deben mantener una rutinaria normalidad en sus casas por el motivo ev...

Roma

Roma es un buen sitio para perderse. Te sientes ajeno a tu tiempo, reconstruyes, con sus calles mágicas, el laberinto destruido de tu infancia; vagabundeas sabiéndote a a la vez que perdido, en tu sitio verdadero, en el que desearías estar para siempre. Pero te pierdes de todos modos, y te sabes perdido pero no quieres encontrarte ni que te encuentren, sino seguir perdido eternamente y alquilar una moto para perseguir al tiempo y detenerlo -‘Vacaciones en Roma’,Gregory Peck y Audrey Hepburn- o contemplar el tiempo en una fontana aguantando las ganas de lanzarte al agua y violar a una sirena -'La dolce vita', Anita Ekberg y Marcello Mastroiani-. Roma es caos y paz, multitud y soledad, serenidad y angunstia. Roma es eterna y fugaz; un suspiro que dura siglos; una perdición. Hay que perderse en Roma.

Sobre algo

Mañana -dentro de un rato porque no puedo dormir- viajaré a Roma. Me equivoco al pensar que voy a un sitio conocido, seguro, muy distinto de esos desiertos enclavados en culturas potencialmente hostiles, porque no hay situación más potencialmente hostil que la que genera un presidente de gobierno que no quita ojo del culo de una integrante del equipo diplomático de un país amigo en una reunión de mayor o menor importancia. Berlusconi es un enfermo que gobierna a golpe de instinto sexual -se dice que no es raro verle hacer lo que le sale de los cojones-. Tal vez haya más casos de gobernantes rijosos, pero como se toman la molestia de disimular no se les nota. ¿Y qué? Una exacerbada libido es perjudicial para un buen gobierno tanto como una velocidad elevada influye en la calidad del tocino. De acuerdo que un personaje público en el puesto de Berlusconi debería dar cierto ejemplo moral, pero el mismo argumento aplicado a otros personajes públicos no parace surtir efecto; verbigracia, Mar...