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Entradas

Transcribo el prólogo de la autobiografía del filósofo Bertrand Russell escrito por él mismo: PARA QUÉ HE VIVIDO

Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación. He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad,esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura místicala visión anticipada del cielo que han que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin...

Machismo asesino

De entre los crímenes que se han estatuído como habituales en casi todas las sociedades contemporáneas me resultan especialmente repugnantes las agresiones sexuales. Cualquiera puede ser una víctima pero los grupos de riesgo más elevado con diferencia son las mujeres y los críos. Los niños son víctimas potenciales de casi todo por su indefensión biológica y psicológica, y esta invalidez propia de sus pocos años está más que asumida por los mayores quienes mediante el instinto de protección y las leyes especiales para infantes ponen un especial empeño en protegerlos. Y aún así son los niños quienes más sufren y menos defensas tienen cuando suceden tragedias del tipo que sea. Pero ese peligro extra al que están expuestos es inherente a la niñez y toda la sociedad lo tiene asumido. Con las mujeres la cosa es bien distinta. El innegable hecho de su inferioridad física respecto a los hombres y el detalle fisiológico de que no haga falta que la mujer se excite sexualmente para que el h...

La inutilidad de algunos tratamientos

Cuando los padres de Miguelito llevaron a su hijo al psicólogo a causa de unos problemas de adaptación en el colegio se quedaron sorprendidos del diagnóstico: Miguelito era un superdotado para casi todas las disciplinas académicas pero un completo gilipollas para la vida. El psicólogo les aconsejó que no se preocuparan porque esto era algo relativamente frecuente y además se podía intentar solucionar con una terapia adecuada. El niño era un fuera de serie en lo abstracto y un completo negado en lo práctico. Así que se estableció un programa terapéutico que debía dar los frutos deseados en un año a más tardar. Ya desde las primeras sesiones el terapeuta advirtió que los resultados iban a depender en buena medida de la inversión de la gilipollez de Miguelito, que parecía tener más calado psíquico que las habilidades por las que destacaba su mente. A pesar de los diferentes métodos usados por el especialista para frenar lo indeseable y potenciar lo más valioso en la mente del niño, ning...

Vuelvo para quedarme

Hace tanto tiempo que no escribo que tengo la certeza íntima de que habría olvidado cómo se escribe si alguna vez hubiera sabido escribir. Podría ofrecer mil excusas para justificar este alejamiento de las palabras escritas, pero ninguna sería cierta, de ahí que se las denomine 'excusas'. La pura verdad es que soy un vago y un inepto que evita escribir porque poner ciertas certezas sobre un papel me hace comprender la verdadera magnitud de mi desidia. Trato de esquivar mis pensamientos alejándome de todo aquello que los evidencie con su verdadera naturaleza de inevitabilidad. Por eso no me acerco al teclado desde hace meses y he convertido la excusa, cualquier excusa, en una rutina diaria para no acercarme demasiado al territorio de las musas, ni caer en la tentación de probar qué se siente tecleando palabras como era mi costumbre. Hoy he pasado de mi propia censura y me he puesto a escribir estas líneas a ver qué siento. Y lo que siento son cosas contradictorias, buenas...

Anécdota sobre Dalí

Refiere Fernando Arrabal una anécdota sobre Dalí que tal vez arroje alguna luz sobre la compleja personalidad del pintor. Según cuenta el escritor se encontraban ambos en Nueva York y Dalí invitó a Arrabal a una fiesta privada en la que era muy posible que se dieran prácticas orgiásticas.
  A veces, tal vez demasiadas, cuando me encuentro en una encrucijada de caminos, me encasquillo, cojo perlilla y no sé hacia dónde tirar. Me suele pasar más cuando uno de los caminos tiene que ver con mi salud, cosas de ser hipocondríaco. Me ofusco de tal manera que lo veo todo negro o rojo -tanto da- y no hay luz al final del túnel ni voz meliflua que me anime a ir hacia ella -hacia la luz-. En esas ocasiones me siento tan ínfimo y tan pusilánime que llego a despreciarme como humano y también como ser viviente porque ni al débil instinto que aún me queda atiendo. Me limito, lo confieso, a sentarme enroscado sobre mí mismo, con la cabeza entre las piernas y las manos tapandome los oídos, esperando el vano milagro de que todo se solucione por arte de magia y yo salga bien parado del atolladero que de seguro he provocado yo mismo. Como la situación de espera milagrosa no puede durar, a menudo soy presa de la ansied...

La lengua y la mala praxis

No encuentro explicación a la falta de respeto que se tiene a la gramática por parte de los periodistas, sobre todo de los deportivos. Hace ya algunos años que la preposición 'sobre' se ha convertido en muletilla para los narradores de partidos de fútbol -sobre todo- fagocitando lingüísticamente a otras preposiciones más adecuadas para según qué expresiones. He aquí algunos ejemplos:

Relato de Navidad

Era difícil avanzar en aquel territorio donde llovían bombas y proyectiles desde la oscuridad. Él lo comentaba como un reproche, pero ella sabía lo que estaba haciendo. Reunidos bajo el esqueleto de hormigón de un edificio tomaron aliento. Él insistía, pero qué hacemos aquí, hacia dónde vamos. Ella solo apretaba los labios y seguía los dictados de su convicción: avanzar y avanzar. Cruzaron la calle con mucho riesgo; delante, ella, con un bulto de enseres estrechado por sus brazos, detrás él, mirando alocado hacia todas partes, tratando de adivinar el origen de una bala mortal para esquivarla a tiempo. Vano intento, bien lo sabía, pero su amor por ella era tan inmenso como sumiso; y la seguía en su loca huída. Salvaron la acera en la noche oscura y se internaron en un edificio medio derruido que alzaba su tétrica silueta entre los destellos de las armas. No puedes más, mi amor, dijo él con voz rota, y era verdad: ella no podía más. En un portal abandonado y ruinoso ella s...

Dos cordilleras

Los Pirineos (o el Pirineo) es una cordillera que hace de frontera natural entre Francia y España. De picos majestuosos y complicados, se extiende desde el Cantábrico al Mediterráneo. Pero es en el Pirineo Central, con Ordesa y Monte Perdido, las Tres Sorores, Brecha de Rolando, Añisclo, Pineta, y la francesa Gavarnie, en la zona occidental; y con Benasque y Cerler rodeados por Aneto, La Forcada, La Maladeta, Posets, pico Maldito, pico Perdiguero, de Russell, de Vallibierna y Tuca de les Culebres, pico Salvaguardia, junto a Vall dÉstós con sus Gorges Galantes (y sus 'barbas de profeta', líquen que cuelga de las ramas de los árboles y cuya presencia es garantía de una limpieza absoluta de la atmósfera del sitio), uno de los valles más bonitos del mundo, en la parte oriental. Todo esto sin salir de la provincia de Huesca. La riqueza de estas montañas y valles, que forman parte bien del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, bien del Parque Natural Posets...

Amor asesino III

Luisa y yo llegamos a un acuerdo. Sobra decir que el amor que sentíamos el uno por el otro era tan intenso y físico como romántico y etéreo. Un amor perfecto, duradero, apasionado -excesivo, vamos-, de esos amores por los que matas o por los que mueres, pero que en definitiva te abocan a una inexorable contienda de la que no está exenta la violencia, verbal y contenida al principio, pero necesariamente física después, de consecuencias previsiblemente nefastas. Por eso Luisa y yo acordamos que si llegaba la etapa de violencia física a nuestra relación, la fase de los golpes y de la sangre, nos suicidaríamos. Pero no conseguíamos ponernos de acuerdo en quién lo haría primero. Nos reprochamos mutuamente que dudar de que el segundo incumpliría lo acordado no suicidándose era una horrible falta de confianza del uno en el otro. Y ambos teníamos razón. Una vez muerto el primero -por mano propia- qué impedía al que sobreviviese cambiar de opinión y seguir vivito y coleando. Lo echam...

Sueños irreductibles

En su libro 'Straw dogs' ('Perros de paja') el pensador británico John Gray desmonta por reducción al absurdo la idea de una 'voluntad' humana inmanente. Los datos que aporta para sustentar su tesis, fruto de concienzudos experimentos científicos, parecen inapelables.

Amor asesino II

Sé que Luisa y yo nos queremos, siempre nos hemos querido; a nuestra manera. El amor es un campo muy extenso para reducirlo a un proceso de idealización del otro y a un intercambio decreciente de deseo. Digo decreciente porque la idealización, el altruismo sublimativo con que al principio al menos vemos a la otra persona pronto choca con el sano egoísmo de dar por sentado que también ella nos ve así o debería; tendría que ser así, pero ¿y si no? Y esa pregunta inevitable y dolorosa introduce la duda en la hasta entonces inmaculada relación afectiva. Y la duda lo echa todo a perder, incluso el deseo (o empezando por el deseo). Pero esto solo se da en aquellos que, como he dicho, reducen el infinito registro amoroso a un infantil babeo contemplativo y a una serie finita de cópulas con diferentes grados de disfrute y que acaban por ser un mecanismo reflejo que justifica y cifra la relación amorosa. Luisa y yo siempre supimos que el amor eterno, el que sobrevive a los amantes y pe...

Amor asesino

Estoy a oscuras en mi camarote con la oreja pegada a la puerta que comunica con el camarote contiguo. Luisa y yo habíamos acordado que sería mejor ocupar estancias diferentes, aunque juntas y con una puerta que las comunicaba muy convenientemente por si se producía la reconciliación que yo tanto deseaba y entonces bastaría con dejar abierta esa puerta para unir los dos camarotes.

Mis amigos

Me encantan los animales. Tengo seis perros, tres ponis y un loro. Los perros se comportan como cabe esperar en los perros; los ponis se pasan el día con la mirada atenta y fija en algún punto del horizonte, como si esperaran que algo ocurriese allí en cualquier momento; llevan así años.

Otra vez

Hace muy poco que he recuperado la conciencia de mí mismo y la memoria. Sé dónde estoy de nuevo y sé que que muy pronto volveré a olvidar y empezará otro ciclo que recorreré, como ocurrió con los anteriores, como siempre ocurre, a ciegas, a tientas y a solas.

Pesadillas

Soy propenso a las pesadillas. Llegan en oleadas, a rachas, y como vienen se van. Duran unos días, unas semanas, y en ese tiempo me amargan los sueños (y el sueño). Es sabido que los sueños habitan el universo de lo absurdo, de lo imposible, y pueden llegar a ser mágicos y también horribles, como en las pesadillas.

Ladrones de tiempo

No hay ladrones de peor ralea que los ladrones de tiempo. Son gente desalmada que no saben muy bien cómo ocupar sus horas y, frustrados, las emplean en birlarte las tuyas, para que uno también se joda (porque no debe de haber cosa más jodida que advertir con impotencia cómo el reloj de sus vidas no se detiene aunque no les den cuerda o se agoten las pilas). Entre todos ellos tienen merecida fama los burócratas y los médicos privados.

Cumbres, metas.

Las lejanas cumbres de las montañas imponían una robustez nívea contra el cielo azul. A medida que subíamos por serpenteantes senderos y atajos usados solo por las cabras de aquella región de Marruecos nos invadía una sensación de lejanía de todo confort que alentaba nuestros espíritus montañeros en su ascensión.