Siempre me ha gustado hacer ejercicio físico. Me tonifica el organismo y me produce una agradable sensación de euforia. Además, según los entendidos, va de perlas para el colesterol y la tensión arterial, disminuyendo así el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Pero no hay que entusiasmarse porque, sobre todo a partir de una cierta edad, el cuerpo comienza a cascarse y se vuelve más propenso a las lesiones, y éstas tardan más en remitir, lo que hace recomendable ajustar el nivel de esfuerzo a nuestra capacidad de aguante a medida que nos hacemos mayores; no hay que forzar la máquina porque se podría romper, y ya se sabe lo difícil que resulta conseguir repuestos –aunque hay quien recurre al mercado negro, asumiendo el riesgo de adquirir piezas defectuosas y no disponer de libro de reclamaciones-. Tampoco, es obvio, está en nuestra mano obtener un cuerpo nuevo en el caso de que el de fábrica deje de funcionar. Al menos todavía. Aunque los entusiasta de la metempsicosis están...
Un alienígena alucinado.