Mucho después supe que el Cornucopia había intentado salir del sanatorio en varias ocasiones. Su abogado había apelado la sentencia de reclusión en el centro de salud mental con la previsible intención de propiciar una fuga durante el traslado del condenado a una prisión ordinaria, pero sus argumentos no convencieron al juez, de modo que el Cornucopia emprendió varios intentos de fuga que no prosperaron (estaba claro que no había caído tampoco en el detalle obvio del conducto de ventilación, vaya delincuente inepto). Al parecer había recibido en repetidas ocasiones la visita de alguien que se llamaba Sony Maxwell, con quien mantenía conversaciones en voz baja agotando el tiempo reglamentario. Era un tipo, el tal Sony, de gran altura y con marcados rasgos nórdicos, frío en su comportamiento y algo altanero. Mis fuentes -pacientes tan locos como yo mismo- no dudaron en calificarlo de siniestro. Tras las entrevistas, el Cornucopia se mostraba más nervioso de lo habitual y sus intento...
Un alienígena alucinado.