A Frank se le había hecho tarde una vez más. Ya clareaba el horizonte cuando aparcó el coche delante de su casa. Al entrar miró instintivamente hacia el piso de arriba y vio un haz de luz que se filtraba por una rendija de la puerta del dormitorio. Mary estaba despierta, de nuevo esperándole. Subió y trató de parecer desenvuelto. -Hola, cariño, ¿otra vez con insomnio? Mary no contenstó. Estaba echada de lado en la cama, medio tapada por las sábanas y completamente inmóvil, se diría que dormía excepto por el hecho de que tenía los ojos abiertos de par en par. -¿No tomaste la pastilla anoche?-, preguntó Frank; cambió rápidamente de tema. –Menudo trimestre llevamos, nos sale el trabajo por las orejas. ¿Cómo demonios quieren que rindamos si no tenemos tiempo ni para dormir?-. -¿Te acordaste de la comida de Kitty?-, preguntó Mary con voz apagada. -¡Vaya por Dios! Ya sabía que olvidaba algo. No te preocupes, en cuanto abran el super iré a por la comida, mientras puedo ponerl...
Un alienígena alucinado.