Hace unas semanas tuve un sueño turbio e inconcreto, casi una pesadilla, que me nubló el ánimo y lo impregnó con un matiz de inminencia y de inevitabilidad. Fue algo parecido a una premonición o a un presentimiento de naturaleza onírica, lo que no le resta verosimilitud a los ojos de aquellos dispuestos –o predispuestos- a otorgársela, como es mi caso. Me considero agnóstico y racional y sin embargo me comporto como una vieja aldeana cuando se trata de asuntos relacionados con la superstición, lo escatológico y lo evidente pero invisible. Ya se ha dicho que el miedo al Peligro es inmensamente más dañino que el Peligro. Tanto es así que si alguna vez éste aparece al fin, nos llevamos una decepción, decimos: “¿A esto le temía yo? Menudo idiota estoy hecho”. Pero la siguiente vez que el Peligro nos muestra su sombra nos asustamos igualmente. Pues ese sueño que tuve lo he vuelto a tener hace pocos días. La angustia premonitoria acrecentada y envuelta en miedo seco, sin matices ni dudas; ...
Un alienígena alucinado.