Mi fino olfato de perro callejero me lleva hacia ti atravesando el manto brumoso y tenue de la noche. Merodeo por tus contornos y suplico con la mía una mirada tuya que disipe las tinieblas que me envuelven. Soy un superviviente de mil amores naufragados y mi vida zozobra de nuevo ante la galerna que desata en mi seno tu callada promesa de no ignorarme del todo. Tu presencia llena mi mundo y tus aromas de azahar alimentan mi pálida condición de perro loco y solo. Me humillo a tus pies, suplico en silencio una caricia, un murmullo amable, una mirada, algo, nada. Perplejo una vez más, casi abatido, me alejo tristemente de tu vera, aún esperando un milagro de última hora: un silbido tuyo, una llamada, para correr hacia ti ciego de alegría, ni siquiera esperando unas migajas, un reseco hueso de las sobras de tu misericordia, sino sólo contemplarte, eternamente contemplarte durante unos minutos por última vez una vez más, antes de que me eches de tu lado como siempre, y me aleje para siempre con el perfil de tu desprecio grabado a fuego en mi pecho desdichado. Como siempre.
Las molestias corporales, cuando por algún motivo se enquistan y se vuelven insidiosas, desmejoran notablemente la calidad de vida. Yo, por ejemplo, debido a una pequeña pero irreductible infección que se manifiesta en forma de perenne cansancio, me veo impedido para escribir mi obra maestra y, quién sabe, tal vez la piedra angular de la literatura del siglo XXI. Nadie recordará dentro unos años (¡qué digo! Unos meses y gracias) las inserciones banales en un blog de un aspirante a escritor. Pero si pudiera escribir esa obra excelsa, es más que probable que estas escasas líneas se subastasen algún día en Sotheby’s y que algún potentado con tanto talento para los negocios como escaso criterio para la apreciación del arte pagase por ellas una fortuna. A veces, muchas veces en mi opinión, la fama es cuestión de detalles, como conocer a la persona adecuada en el momento oportuno, o con más probabilidad ser hijo, sobrino, cuñado o amante de la querida de un subsecretario con menos méritos ...
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