El lenguaje de los políticos de este país casi siempre ha sido tendencioso y falaz . Han caído voluntariamente en el populismo para tratar de arrimar el ascua a su sardina. Los políticos españoles de los últimos treinta años siempre han destacado por su flirteo con la demagogia, que es la perversión de la democracia, es decir, han utilizado las palabras y los ademanes para confundir, a través de la persuasión y la seducción más rastreras, al pueblo, buscando su voto para continuar lo más posible en el poder, cada cual a su manera y de acuerdo con los supuestos privilegios sagrados de su zona, región o autonomía. Algunos políticos catalanes hablan ahora de anomalía histórica para hacer una llamada ciudadana a la independencia de Cataluña. Pero se olvidan de explicar -o puede que lo ignoren- que la historia no puede ser anómala porque se limita a registrar sucesos que han ido acaeciendo, hechos desnudos que solo los historicistas se atreven, con mucha osadía, a interpretar...
Un alienígena alucinado.