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El ego

De un escritor, como de cualquier profesional que practique un oficio más o menos artístico, debe importar y crear debate su obra, no su persona. Pero a veces  ocurre al revés y la figura del autor está por encima de sus escritos, casi siempre a causa del excesivo ego y las dotes para la polémica de aquel y de la justita calidad de éstos. Tal es el caso del inefable y televisivo Sánchez-Dragó. Hojeé algunos fragmentos de su último libro y constaté con estupor que cada palabra, cada frase, cada párrafo allí impresos respondían a una desproporcionada e incongruente necesidad del autor de defenderse de las más inverosímiles artimañas y maquiavélicas tretas que la sociedad española, desde la Corona hasta el más humilde albañil, parece empecinada en urdir con el único fin de joderle a él. Paranoia no es la palabra ya que no parece estar enfermo, estricto sensu; creo que se trata más bien de un avanzado y ya irreversible proceso de cretinismo narcisista que debió de comenzar allá por sus primeros años como presentador de programas de divulgación literaria en televisión –medio que le proporcionó una popularidad por entonces insólita en un escritor, que debió de subírsele a la cabeza- y que le impide entender algo tan simple como es el hecho de que ser un escritor popular no implica necesariamente ser un buen escritor, como él cree ser. El que firma su último libro publicado no es Sánchez-Dragó sino su imagen pública – o al menos la que él cree tener-. A fuer de mirarse el ombligo y no contemplar la realidad en la que vive, Sánchez-Dragó se ha convertido en su propio guiñol.

 

 El sol caldea las suaves brisas del mediterráneo e incita a la modorra y el remoloneo. Contemplo distraído el mar que se pierde en el horizonte y me pregunto una vez más si algún día feliz una nave me recogerá y me llevará a mi planeta, al que no conozco pero que mi corazón añora y guarda para él un hueco que me no deja de dolerme con cada latido. Esta melancólica espera entumece mis sentidos y aletarga mi alma peregrina de alienígena y de desterrado.

 

 “Si no tuviéramos defectos no sentiríamos tanto placer descubriendo los de los demás”. La Rochefoucauld

Comentarios

tenientebravo ha dicho que…
Hola Marciano (aunque no vengas de Marte aquí son marcianos todos los de mas allá de del mapamundi),

Me pasa una cosa curiosa con Sánchez-Dragó: me cae mal precisamente por su imagen pública, no por su obra. Me repateó los huevos cuando salió en TV tras las elecciones del ¿92? diciendo que la culpa de que volviera a ganar el PSOE era de los incultos de los andaluces. Desde entonces me llama la atención, para mal, todo lo que hace. Desde hace más o menos un año puedo verlo, y lo hago alguna vez, conduciendo un informativo en Telemadrid; no tiene desperdicio el chaval, ¡ni Queipo de Llano!.

Lo más extraño es que ya me he topado un par de veces con él en persona (aunque de los dos sólo yo me haya dado cuenta)y me cae igual de mal de cerca. La primera vez fue deambulando por las casetas de la feria del libro en el Retiro; estaba curioseando los libros de una caseta cuando me dí cuenta que justo enfrente estaba el pollo en cuestión haciéndose el simpático con una señora que le traía un libro para que se lo dedicara. Me fui a la siguiente caseta de inmediato.

La segunda vez fue en la cervecería La Santa Bárbara. Me senté a tomar unas cañas en una mesita apartada (no es que sea discreto, es que mi niño-becerro necesita varios metros cuadrados de uso exclusivo cuando vamos de cañas -de gambas para mi becerro-.

El caso es que a los cinco minutos llegó el Dragó y se sentó justo en la única mesa que estaba todavía mas al fondo del local. No le presté demasiada atencìón, pero no pude evitar oir sus comentarios en la charla que mantenía con dos contertulios. No presté demasiada atención a lo que decía, pero me jodía su presencia y la autosuficiencia con que se manejaba.

Y a todo esto, no he leído ni una sola línea de lo que ha escrito nunca. Espero poder tener opinión también de él como escritor, aunque me parece que estoy algo orientado al prejuicio.

Por lo demás querido marciano, entre añoranza y añoranza, te aconsejo que disfrutes de este planeta tan distinto del tuyo, pero que merece la pena disfrutar.

Nos vemos.
Luis Recuenco ha dicho que…
¡A sus órdenes, mi teniente! A mí también me cae mal como persona. Te recomiendo que no pierdas el tiempo -y posiblemente la paciencia- tratando de descifrar alguno de sus -y este es el eufemismo del lustro- libros.

Un saludo.

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