Las moscas prefieren una buena mierda a un suculento solomillo. Sobre gustos, ya se sabe, y sobre todo si hablamos de otras especies. Excepto, tal vez, el oso hormiguero, los animales y las personas pueden cambiar su paladar, incluso educarlo. Esto último no sé lo que es o en qué consiste, pero el verbo denota una posibilidad de mejoría, es de suponer, o tal vez no, porque es un verbo ambiguo. Educar a veces se confunde con adoptar unos hábitos que están de moda, y eso no implica necesariamente una mejoría, incluso puede suponer una franca desmejoría. En cualquier caso, cambiar el paladar puede ser una consecuencia de circunstancias que implican cambios en los hábitos de vida. Si uno se va a vivir a Laponia, es imprescindible que no sea alérgico a la carne de foca, o de reno. Los extraterrestres disponemos de una ventaja cualitativa: comemos lo haga falta, nuestro paladar es galáctico. Yo, por ejemplo, con un chocolate con churros para desyunar, una ensalada y un entrecot al mediodía y guacamoles con patatas fritas para la cena, ya voy servido.
El viento de fuego abrasaba su piel y le mantenía vivo y alerta. La vasta extensión de arena que se extendía ante su vista era la alegoría de la superación del sufrimiento por la voluntad que él buscaba cuando se adentró solo en aquel desierto tétrico. Siempre tuvo la remota sospecha de que algún día, de alguna manera, tendría que poner a prueba su capacidad de supervivencia, porque el mundo cómodo y abúlico que le había tocado en suerte lo rechazaba desde el fondo de sus entrañas, abominaba de él y de los que lo habitaban, por eso siempre fue solitario y huraño. No pasaba día sin dedicar unos minutos de desprecio a cuanto le había sido concedido sin haberlo él solicitado. Tenía la certeza de haber nacido para encontrar sus límites y vivir en el territorio fronterizo de la muerte, vivir allí y sólo allí con plenitud, con la euforia del suicida que demora voluptuosamente el instante definitivo, con la paz de espíritu que proporciona una hemorragia de adrenalina. Pocas cosas aprendió e...
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