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Viajeros

Mariola (exiliada)

 Esta añoranza que me traspasa el alma; esta congoja que se me atraganta mientras despego; este puñado de mi tierra que guardo en un tarrito y que riego con las pocas lágrimas que me quedan; esta barbarie que abandono, esta atrocidad sin nombre, este genocidio fraticida y carnicero; esta sangre que baldea los rincones; esta agonía de no saber si sabré, de mi gente, de mi mundo, de mi vida arrancada de cuajo y que no sé si podré reconstruir tras las cordilleras, allá donde me esperan esos amigos que, antes que yo, enfrentaron este agónico trance con los mismos miedos royéndoles las entrañas.

 Nada sé de mi futuro, pero hacia él camino: dos maletas raídas y un álbum de fotos son mi equipaje, y este dolor que me perfora por dentro, sin tregua, sin compasión. La otra mitad de mi vida, mi marido, se reunirá conmigo pronto, o esa es nuestra esperanza, quizá nuestro sueño. Una vida nueva en libertad; libertad…cuánto significado encierra esta sola palabra para tantos y tantos que ya no la tienen, que se la han robado; cómo expresarlo…, aquí no entienden, asienten con sus cabezas libres de problemas, sonríen compasivamente, te dan una palmadita en el hombro…, ya será menos, piensan (puedo leer sus pensamientos), ¡qué carajo van a entender! Nadie valora con justicia aquello que nunca le ha faltado. Libertad es mucho más que una palabra…, y demasiado para muchas entendederas; para la mayoría, lamentablemente.

 Camino con la cabeza gacha y los ojos alerta, mirando por los rabillos, hasta que caigo de nuevo en la cuenta de que aquí no hay patrullas, ni toques de queda, ni francotiradores; que aquí la gente no se preocupa por su vida a cada instante, ni por la de sus seres queridos; que aquí lo más grave que te puede pasar es que te quiebres una pierna si tropiezas en las escaleras de El Corte Inglés. Vuelvo de mi paseo en libertad y miro las fotos del álbum, les cuento lo que he visto, lo que he vivido hoy, les digo que aquí esto es lo normal, lo de cada día, y veo sus sonrisas burlonas e incrédulas -que sé amenazadas, quizá en grave peligro-; piensan (puedo leer, en la distancia, sus pensamientos) que ya será menos.

 

 Roberto (turista)

Francamente, yo, si me llegan a decir lo de este calor y lo de esta arena, no vengo. Tampoco es que fuera mía la idea, que fue de la Espe, pero como yo le decía: con tantos países bonitos que tenemos aquí al lado, como aquel que dice, y quieres que vayamos a Egipto, nada menos. Claro, en la agencia de viajes, cuando les pregunté, pues me dijeron que si los exóticos amaneceres, que si los oasis, que si patatín, que si patatán, qué quieres que te digan, si están ahí para vender. Pero lo de este calor de cuarenta grados y lo de estas noches que te pelas -porque en el desierto, todo el sol que quieras, pero de día, que en cuanto anochece hace un frío de la hostia, porque la arena no retiene el calor, que me lo ha dicho el guía-, pues de todo eso, como digo, ni mu. Y la Espe que venga a insistir, que si es un país cargado de historia, que si milenario, que si los faraones, que si esto, que si lo otro (todo lo habrá leído en el Nacional Geographic, eso seguro, porque ella de historia no entiende ni jota). Pues vale, venga, vamos, le dije, y aquí estamos, friéndonos como churros y con arena hasta en el ojete. Todo el día por el desierto en esta mierda de tartana que tienen el morro de llamar cuatro por cuatro y, cuando llegas de noche al oasis, pues ya no lo puedes ver, porque ya no hay sol, es lógico, ¿no? Y por la mañana temprano hay que salir, así que tampoco ves nada. De modo que ya llevamos una semana aquí y yo lo único que sé de los oasis es que el agua está fresquita, menos mal que eso sí, que si no… Y los monumentos ya veremos, porque me ha dicho un colega del curro que los ingleses se llevaron todo lo que pudieron transportar, así que habrán quedado cuatro pirámides de esas que son como montañas y la estatua esa con cuerpo de león que no me acuerdo cómo se llama, la esfínter, creo que es.

 Bueno, que yo, si la Espe está contenta, vale, de coña, pero lo que es a mí no me pilla más para estos fregaos, que bastante calor hace en Antequera.

 

 Miawe (emigrante)

 Yo ya no sé si hubo un filósofo llamado Nietzsche, ni si una vez escribió: “Quien tiene un por qué puede soportar casi cualquier cómo”.

 Yo no sé cómo me decidí a embarcar, con mi hatillo al hombro colgando de un palo y mi pequeño agarrado de la mano, en aquel barco que se caía a trozos, ni cómo aguanté días y noches interminables allí de pie, amontonada junto a otros muchos compatriotas, aferrando con fuerza la mano de mi hijo, para que no lo engullese aquella turba maloliente y sucia como nosotros mismos. No sé cómo tuve valor para hacerlo; no sé de dónde saqué fuerzas para soportarlo; no sé casi nada salvo el horror térmico y la inanición del viaje; no sé cuándo fuimos vomitados, a través de unas compuertas que se abrieron, al mar oscuro y frío, lejos de la costa; ni sé cómo pude intentar siquiera alcanzarla a nado. No sé cuándo solté el hatillo, ni en qué momento se me acabaron las fuerzas para seguir sujetando a mi niño, ni cómo seguí luchando tras perderlo, ni por qué yo me salvé y llegué a la playa, casi muerta.

 Yo no sé cuánto tiempo estuve inconsciente, ni el nombre del hospital en el que desperté, ni el de la enfermera que me cuidaba con ojos tristes, ni siquiera si estaba triste por mí. Tampoco sé cuánto tiempo estuve en cama, sin fuerzas para levantarme, exhausta y sin ganas de vivir; ni sé cuándo, exactamente, vinieron los policías a por mí, a escoltarme hasta este recinto sucio y tétrico, estrujada por cientos de compatriotas que, al igual que yo, no saben cuándo serán devueltos a nuestro país,  a las miserias y a  la muerte segura. No sé siquiera si alcanzaré a ver de nuevo a mi hija, que quedó allá con su abuela, en el poblado.

 Yo, porque fui maestra un día y pude leer algunos libros, sólo sé que me vienen a la memoria unos versos de un poeta español que repito una y otra vez, como una letanía o como un canto fúnebre, mientras recuerdo a mi gente; unos versos que dicen : “Yo sólo sé de mí que estoy llorando, que sufro, que os amaba…y que me muero”.

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