
Yo no recordaba un solo día de mi infancia sin que padre me golpeara. No siempre había sido así, se volvió violento cuando madre nos abandonó, a padre, a mí y a mis dos hermanos menores: Tommy de 10 años y Lucas, de 8. Yo había cumplido 13 el mes anterior. Como regalo de cumpleaños, padre me propinó una manta de palos que me dejó en cama varios días. Mis hermanos, en esos casos, acostumbraban esconderse en el apartamento de Genny, la vecina de piso y la única persona, tras la muerte de madre, que se preocupaba por nosotros. Ella nos escondía, escuchaba nuestras quejas, nos lavaba y nos daba algo de comer. También le hacía frente a padre cuando llegaba borracho y con ganas de bronca. Pero con ella no podía, no señor, ella no se dejaba intimidar, y creo que padre en el fondo le tenía hasta miedo.
El suceso que marcó nuestra vida ocurrió una tarde de octubre. Padre llegó más borracho que de costumbre y con más mala leche. La emprendió a correazos primero conmigo y después con mis hermanos. Cuando acabó nos arrastramos como pudimos al piso de Genny. Ella nos miró y lloró. Nos preparó un cazo de leche caliente y nos obligó a beberla. Le dimos las gracias y volvimos a casa. Por la noche, un olor a carne cruda me despertó. Me vi de pie junto a la cama de padre, con las manos llenas de sangre de su cuerpo aún caliente, recién muerto. Levanté la vista y vi a Tommy y a Lucas también bañados en sangre y como en trance. Aquello debió de ser una carnicería, pero habíamos borrado los recuerdos para ahorrarnos un trauma tal vez incurable. Allí, sobre el cuerpo aún palpitante de padre, juntamos nuestras manos y juramos no hablar nunca del asunto; aquello no debía salir del reino de las pesadillas. Esa promesa nos hizo libres y pudimos tener una vidas decentes.
Años más tarde, acudimos con nuestras esposas e hijos a la residencia donde Genny agonizaba. Nos reconoció a duras penas y al fin sonrió. 'Mirad que vidas más buenas tenéis' susurró, 'gracias a Dios el brebaje que puse en la leche os hizo efecto enseguida, lo demás fue cosa mía. Os quiero mucho.'
Genny falleció con sesenta y seis años. Pasó cuarenta de esos años recordando con alegría el día que nos hizo libres.
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Saludos
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