Decía Oscar Wilde que es muy difícil acostumbrarse a dejar de ser joven, porque joven es lo que uno ha sido toda la vida. Estoy empezando a comprender el verdadero sentido de la frase. Desde hace algún tiempo mi mundo parece estar convulsionado, es diferente siendo el mismo, se me antoja otro, con matices que antes no apreciaba y que lo transforman por completo, como cuando una mujer se arregla para una fiesta y de repente la ves de otra manera porque parece otra con los arreglos y los afeites, aunque en el fondo siga siendo la misma. Pues de un tiempo acá noto que mis sobrinos, que eran unos macacos hace nada, empiezan a parecerse a los adultos que dentro de poco serán; que mis mayores, hasta ayer mismo adultos lozanos, van perdiendo lustre día a día, tropiezan más, se les olvidan los encargos, encogen y se arrugan. Y yo me siento atrapado entre esos dos tsunamis de la existencia: el que arroja al mundo vida joven y el que se lleva vida vieja. Y me siento descolocado, desubicado, perdido, solo y desnudo, expuesto a las inclemencias del destino, un náufrago del tiempo que trata de ganar la costa de la cordura, sin la protección de mis mayores ni la imposible comprensión de mis sobrinos, a punto de coger un catarro existencial que me puede dejar con una crisis de caballo. Dentro de muy poco, aquellos macacos serán jóvenes adultos con toda la vida por delante, mis amados viejecitos estarán en la sala de espera del último aeropuerto esperando la partida de su vuelo final. ¿Y dónde estaré yo? ¿Qué será de mi? Supongo que seré un adulto lozano a un paso de comenzar a arrugase y encoger, de tropezar con todo y olvidarse de los recados. Al menos, eso espero, porque la alternativa no me gusta nada.
Ayer fui al cine. Alien versus Predator. La gente chillaba y hacía todo tipo de aspavientos. Mi sentido del miedo, muy distinto del de los humanos, no se ve afectado por ese tipo de imágenes y secuencias manidas de supuesto terror. En mi planeta, esa película equivaldría a una actuación de Epi y Blas, como mucho. El monstruo de las galletas, ese sí que se gana el sueldo, ¡qué monstruo! –literalmente-. A mí también me encantan las galletas, sobre todo las que tienen tropezones –las inglesas, esas son las que rompen-. Gastronomía. No sé qué comen en mi planeta –se lo preguntaré a mi madre en nuestra próxima comunicación mental interestelar-, pero aquí, en la Tierra, según el sitio a veces no hay forma de ingerir lo que te sirven. Otras veces, en cambio, hay que reconocer que el paladar advierte el esfuerzo y buen hacer del chef o cocinero mayor y agradece el resultado, aunque por lo que a mí respecta no logro alcanzar las cimas de placer gastronómico a las que algunos entendidos...

Comentarios
Que tengas unas felices fiestas y un próspero años nuevo,mi querido amigo.Un fuerte abrazo.
Un abrazo
saludos
No mires espejos ni fotos, solo vive y recuerda. Lo primero necesita un enorme manual de instrucciones (cada cual, al final se fabrica el suyo). Lo segundo es más fácil y ayuda a no dejar de vivir. Además, sirve de entrenamiento para no olvidar los recados.
Un abrazo
Un abrazo.