Me entristeció enterarme de la muerte de Berta Ríos. Por supuesto, también me preocupó, me había acostado con ella la misma noche en que fue establecida su muerte. Además, todo apuntaba a que la muerte no fue natural y había sido asesinada. La tristeza me duró poco, como poco dura el entusiasmo de una relación fugaz de una sola noche, pero la preocupación se aferró a mi corazón con el vigor de una pitón, y me asfixiaba las noches y los días de aquel invierno nefasto. Soy soltero por convicción y mujeriego por vanidad; la soltería es cómoda y libre de compromisos; las mujeres son incómodas y comprometidas, o por comprometidas; sea como sea, siempre acaban por reclamar en algún momento algún tipo de compromiso; se me da bien reconocer cuándo ese momento ha llegado o está a punto de llegar y me bato en retirada sin una explicación o una despedida: detesto las justificaciones y odio los melodramas lacrimógenos. Cierro la puerta y me olvido enseguida de los días o semanas (nunca meses) que ...
Un alienígena alucinado.