Los resultados electorales de ayer dejan muy claro el descontento de los ciudadanos con el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El voto de castigo ha sido contundente, pero sobre todo ha sido arriesgado. Y no hablo de Álvarez Cascos, sino de Bildu, un grupo político que sólo a última hora fue rescatado para las elecciones y cuya vinculación real con ETA nos será desvelada a lo largo del mandato de sus más de mil concejales elegidos en las votaciones de ayer. Y hablo de voto arriesgado porque me parece que muchos de los que han votado a Bildu como castigo al gobierno de Zapatero no saben dónde se han metido, ni dónde nos han metido. Los ciudadanos han votado al PP allí donde donde la única alternativa posible era ese partido; pero en zonas con fuerte espíritu nacionalista el voto ha ido a parar a formaciones políticas separatistas, lo cual es muy comprensible, porque ¿quién desearía pertenecer a un país subyugado por su propio gobierno? El problema es que Bildu es el último cachorro de Batasuna, el partido de ETA, y ha conseguido el 25% de los votos. Yo me pregunto si en el franquismo, Franco hubiese conseguido lo mismo. Gracias, señor Zapatero.
El viento de fuego abrasaba su piel y le mantenía vivo y alerta. La vasta extensión de arena que se extendía ante su vista era la alegoría de la superación del sufrimiento por la voluntad que él buscaba cuando se adentró solo en aquel desierto tétrico. Siempre tuvo la remota sospecha de que algún día, de alguna manera, tendría que poner a prueba su capacidad de supervivencia, porque el mundo cómodo y abúlico que le había tocado en suerte lo rechazaba desde el fondo de sus entrañas, abominaba de él y de los que lo habitaban, por eso siempre fue solitario y huraño. No pasaba día sin dedicar unos minutos de desprecio a cuanto le había sido concedido sin haberlo él solicitado. Tenía la certeza de haber nacido para encontrar sus límites y vivir en el territorio fronterizo de la muerte, vivir allí y sólo allí con plenitud, con la euforia del suicida que demora voluptuosamente el instante definitivo, con la paz de espíritu que proporciona una hemorragia de adrenalina. Pocas cosas aprendió e...
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